María del Coro Calle (Venta de propiedad)
Quiero expresar mi agradecimiento infinito a Arteale dado que ha supuesto una gran satisfacción el poder colaborar con esta Fundación y los proyectos tan humanos por los que ha apostado para ayudar a personas refugiadas sin una vivienda en la que acomodarse.
Es por ello que, tras el fallecimiento de mi padre, y con el consentimiento de mi madre, procedimos a donar el usufructo temporal de la vivienda vacía en la que hasta entonces habían residido a la fundación. Dicha donación ha supuesto una gran ayuda ya que cuando necesité una mano para los cuidados de mi madre Arteale me puso en contacto con una fantástica chica latino americana que se encargó de dichos cuidados con un gran cariño, trato y profesionalidad. Visto lo cual y ante la necesidad de vivienda, Arteale decidió proporcionarle la vivienda que cedimos en usufructo.
Posteriormente, siendo yo ingresada por un problema cardíaco y ante la imposibilidad de poder atender a mi madre, esa chica volvió a dedicarse nuevamente de su cuidado. Vencida la donación del usufructo yo quería vender la vivienda. La necesidad de vivienda continuaba para esta familia y con la colaboración de Arteale procedimos a hacer un contrato de compra-venta a plazos. Toda la burocracia, papeleo que teníamos que realizar ambas partes nos fue facilitado por la fundación sin la cual hubiera sido imposible poder llevar a cabo la citada compra-venta y que ha resultado ser tan beneficiosa tanto para la familia latina como para mí.
Dada la experiencia tan positiva vivida y a modo de conclusión me gustará resaltar el papel tan importante que representan en nuestra sociedad este tipo de asociaciones y fundaciones cuyo único fin es tender la mano a personas sin recursos, a mi parecer debería reconocerles el valor que aportan y ofrecerles más apoyo y ayuda por parte de los organismos oficiales.
María del Coro Calle.
Alberto and Maria José
(Propietarios de viviendas)
Estamos acostumbrados a acompañar procesos complicados. Procesos de fin de vida, ya duren horas, días, meses... o años.
Fue en este contexto que conocimos a María José y a su madre.
Y resultó que su camino aún no había terminado. Que, dejando de lado lo que la medicina le había indicado para sus diagnósticos, en su afán por solucionar cualquier problema con medicamentos, emergió una vida plena, despierta y capaz de disfrutar de eso, la VIDA.
Y como digo, ahí fue donde conocimos a María José.
Y nos habló de otros procesos complicados, de otras vidas que buscaban ser VIDA.
Y percibimos sinergias, las sentimos. Qué fácil es comunicarse cuando se comparte la mirada. Cuando se ve a la otra persona desde su potencial, su individualidad, su SER… Cuando sus dificultades, sus problemas (déficit cognitivo, dificultades del lenguaje, fragilidad…) no son lo que la define. Mucho menos lo que la define.
Y nos embarcamos. Con todas nuestras precauciones: la distancia física entre nuestra casa y nuestro piso, la falta de tiempo para dedicarnos, nuestros padres ancianos, nuestro hijo creciendo… Todo eso quedó en segundo plano cuando los conocimos. Ese encuentro… Con un traductor de palabras, pero con una comunicación infinita. Miradas, gestos… No fue una operación inmobiliaria. Ni tampoco un acto de caridad. Fue algo más. Es algo más.
Con nuestros problemas de distancia, tiempo, hijo, padres… asistimos a nuevas reuniones donde la comunicación se fortaleció. Y hubo diferencias. Y líneas rojas. Y replanteamientos. Pero con el respeto que se tienen dos familias, pasaron semanas, meses, años… y continuamos con el proyecto porque sabíamos que era bueno para todos. Y Arteale siguió ahí para guiarnos en todo momento, ayudándonos con nuestras deficiencias y apoyando el proceso, buscando lo mejor para cada familia y haciendo posible que todo saliera a la perfección.
El proceso adquirió ritmo y vida propia. Arteale mantuvo una presencia que se hizo más evidente hacia el final, cuando surgió inesperadamente una gran crisis. Supongo que no es fácil comprender un proceso cuando se retoma. Y cuesta. Y fue difícil cuando alguien irrumpió y rompió el equilibrio logrado durante todos estos meses. Fueron momentos de preocupación, de impotencia… Y una vez más, la comunicación, la presencia, la paciencia, la rapidez de reflejos, la búsqueda de alternativas… todas estas virtudes que Arteale pone en todo esto hicieron de la crisis un momento de crecimiento. Para todos.
Decir que estamos agradecidos sería quedarse corto. Hemos crecido, hemos vivido, somos «diferentes». En la práctica, hemos conservado un piso sin perder dinero ni grandes preocupaciones. Y al principio, ese era nuestro objetivo. Pero esto sería una reducción casi absurda. Ahora tenemos más amigos y menos prejuicios. Y eso sí que es un negocio integral.
Firmado
Alberto and Maria José
Tía Elena
(Dueño de casa)
Soy tía de María José Anitua Trevijano y he confiado en ella como abogada para diversos asuntos profesionales durante muchos años.
Querida María José, me preguntaste cómo ha sido mi experiencia con refugiados. Al principio le di muchas vueltas porque nunca había alquilado el piso. Mis sobrinos habían vivido allí y yo tenía la casa preparada por si la necesitaban. Después de pensarlo, acepté, porque estaba haciendo obras de caridad. Y estaba recibiendo dinero, que también podría usar para algunas reparaciones que los vecinos querían hacer. Pero al mismo tiempo me preocupaba recuperarlo si lo necesitaba. Necesitaba esa seguridad, como se reflejaba en el contrato que María José hizo con Arteale.
La relación con los vecinos fue muy importante para mí y por eso la Fundación Arteale se encargó de hablar con la mayoría de los vecinos, quienes no pusieron objeción a la entrada de una familia argelina en una pequeña comunidad y algunos de los vecinos son familia.
En el contrato se estipulaba que, si surgían problemas con la comunidad, la familia refugiada debía buscar otro lugar. Tenían un bebé de dos meses nacido en nuestro país y teníamos una relación muy cordial, pero con un niño pequeño, hubo problemas con la vecina de abajo porque el niño lloraba y despertaba a su nieta. Arteale se encargó de gestionar este conflicto de forma positiva, sin que yo tuviera que intervenir.
Luego llegó la pandemia de COVID-19 y la familia empezó a pasarlo mal porque perdieron sus trabajos y les redujeron mucho el alquiler, así como otros gastos como la calefacción, la electricidad, etc., que les pasé en cuanto me lo dijeron. Estamos muy contentos y creo que han recibido un gran favor. La Fundación Arteale también les prestó dinero.
Una vez que la familia se fue, un vecino me dijo que estaba contento de que se fueran, pero otros vecinos me dijeron que habían sido muy buenos con ellos.
María José muchas gracias por todo y un abrazo fuerte.
Tu tía
Firmado
Tía Elena
María del Coro Calle Alonso
(Dueño de casa)
En todos los aspectos de mi vida, siempre he sido muy consciente de que para mí la «confianza» es primordial y para que ésta exista, primero debemos comprender a los demás sin ningún prejuicio si queremos que los demás también nos comprendan.
Y menciono este pensamiento porque la confianza ha sido la base de mi relación y conexión con María José desde el primer momento que comencé a trabajar para ella, estando a cargo del cuidado de sus dos hijos pequeños, hasta el día de hoy, y es también por este pensamiento que mi familia y yo decidimos colaborar con este maravilloso proyecto en el que valores como la empatía, entendida como humanidad, la confianza, la tranquilidad, el respeto al otro y el respeto al entorno del que formamos parte, son fundamentales.
Empezamos a colaborar en el proyecto cediendo en usufructo durante dos años la casa donde vivía sola mi madre, viuda de 93 años, y que llevaba vacía solo seis meses tras fracturarse la cadera. Consideramos la opción de venderla, pero al principio la descartamos por las obras que había que hacer en el piso donde mis padres, ya muy mayores, habían vivido toda su vida.
Lejos de pensar que el proceso de donación y colaboración sería complicado, debido a las reformas y obras que requería la casa y, además, a la falta de tiempo disponible debido al cuidado continuo de mi madre debido a su movilidad reducida, el proceso no pudo ser más sencillo. Arteale nos lo explicó muy bien y nos dio todas las facilidades: el notario vino a casa para firmar la transferencia, y Arteale también se encargó de las obras de reforma, que han sido sorprendentemente eficientes en poco tiempo, aunque pensábamos que costarían cuatro veces más de lo invertido, dejando una vivienda muy digna y accesible.
«No es solo una transacción económica». Recuerdo perfectamente las palabras de mi madre cuando le explicamos el proyecto, le pedimos su opinión y, tras escucharla, no dudamos en colaborar: «¿Y para qué quiero una casa vacía? Así se usa, se protege y ayuda a otras personas a construir una nueva vida. Todos nos beneficiamos».
La primera familia recibió las llaves prematuramente por error, sin haber formalizado el contrato de sociedad. Arteale se percató rápidamente de la manipulación de los inquilinos al mantener el contrato. Aunque problemático, Arteale superó la difícil situación y logró que la familia abandonara el piso después de 10 meses.
Varias familias han vivido en el piso. Algunas se han marchado aprovechando los recursos habituales del mercado de alquiler.
Cuando María José planteó la posibilidad de acoger a una familia ucraniana sin pasar por el proceso de colaboración consciente, como propietaria, no me opuse, basándome en la confianza que sentía en la Fundación Arteale. Al final, no fue posible debido al miedo de la mujer refugiada con una hija de pocos meses, que vivía en la casa en ese momento, a compartirla con hombres.
Actualmente somos una familia de cinco personas cuya madre cuida de mi madre, la dueña de la casa, que lleva más de dos años en cama y con la que tiene mejor relación que con los demás cuidadores.
Definitivamente recomendaría esta experiencia a otros, de hecho, hemos renovado el usufructo por dos años más, por todo el apoyo recibido por parte de Arteale, por su seguimiento y atención, estando siempre al tanto de lo que conviene a las partes, por la integridad, honestidad demostrada y por contribuir a un bien que beneficia a toda la sociedad.
Se trata de ir más allá de gestionar una propiedad, se trata de ayudar a evolucionar como sociedad, a crecer en armonía para lograr una convivencia equilibrada, inclusiva y sostenible.
Firmado
María del Coro Calle Alonso
Testimonio Familia Refugiada
Primeramente dar las gracias a la Fundación Arte Ale por la ayuda y la cercanía que hemos sentido durante todo el proceso.
Nuestra familia está formada por mi mujer, y mis dos hijos. La primer familia en el proyecto piloto de alquiler consiente, en ayuda a familias inmigrantes.
Comenzamos nuestra aventura al lado de la fundación Arte Ale, en el año 2018 en un piso de acogida. y que por razones de necesidad nos hemos visto en la necesidad de irnos mudando a diferentes pisos que estaban destinados, a familias que estaban en situaciones similares a las nuestras, pero siempre con la dificultad que conlleva una mudanza contábamos con el apoyo de la Fundación.
En todo este proceso siempre nos hemos sentido apoyados y hemos tenido una cercanía con la presidenta de la fundación, María José Anitua, sea en reuniones, compartiendo comidas, etc.
En base a esto, en una reunión que tuvimos para conversar sobre nuestra situación actual, nos menciona María José si en algún momento nos habíamos pensado en la posibilidad de coger una hipoteca, a lo que en ese momento se nos hacía un poco difícil por el trabajo de mi mujer, que estaba a media jornada, en vista a esto y de pensarlo ya que nos manifestó que contaríamos con el asesoramiento de la fundación, mi mujer busca otro trabajo y es ahí, donde le ofrecen una mejor oferta de trabajo y mejora salarial, por lo que le comentamos a María José sobre la nueva situación y que de pensarlo estábamos animados, a comenzar la búsqueda de una vivienda.
Nos asesoraron en que sitios buscar, y lo que deberíamos saber de una vivienda antes de comenzar a negociar, por lo que durante la búsqueda se descartaron varias posibilidades por malos indicios.
En donde en varios meses de búsqueda, se nos presenta una posibilidad visitando la vivienda y siendo de nuestro agrado, por lo que la fundación se pone en contacto con la inmobiliaria y es así, como se comienza una negociación de la vivienda, haciendo mención que se nos concede por parte de la Fundación Arte Ale una póliza de crédito por un importe de 20,000 euros para financiar la operación.
Así también nos ayudan en asesoramiento legal, ya que desconocemos sobre este proceso, Redacción de contratos de arras, contrato privado de compraventa y escritura pública. así también se nos hace saber sobre las consecuencias, de comprar una vivienda con riesgo de vicios ocultos, dándose el caso que al visitar la vivienda por segunda vez ya habiéndose hecho el contrato de arras, encontramos unas humedades en la vivienda que estaban ocultas tras unos armarios, se nos comenta por parte de la fundación que se haría mención de este problema en la escritura pública, para que posteriormente la vendedora asuma los gastos para la reparación de los daños, que no fue nada fácil por parte de la vendedora después de no querer asumir su responsabilidad.
Additionally, the Foundation helped us manage the donation of furniture and household items that we did not have or that were in poor condition in the property. They also assisted us in coordinating with a company to repair the damp wall at an affordable price.
Por todo esto y más queremos dar las gracias a la Fundación Arte Ale por toda la ayuda recibida, deseando éxitos en sus nuevos proyectos, Ayudando a más familias que como nosotros necesitan un apoyo, sea en alquiler o en compra de una vivienda.
Un saludo,
Muchas gracias
Testimonio de familia refugiada
Quisiera expresar mi gratitud a la Sra. María José. Mi hijo y yo recibimos un techo y apoyo. El equipo de la asociación Arteale nos atendió en cada paso y en cada necesidad. Nos avergüenza mucho cómo nos han tratado, incluso en los detalles más insignificantes.
TODO ESTO ES INESPERADO Y MUY DIFÍCIL DE CREER PERO GRACIAS A DIOS ES REAL.
Tras la acogida recibida y en agradecimiento, decidieron colaborar con la Fundación Arteale montando una litera para el piso de recepción.
Segunda familia de refugiados ucranianos acogida
Gracias, María José y Arteale, por esta casa que hemos sentido como nuestra. Estamos verdaderamente agradecidos.
María José Anitua
(promotor de EHC)
Dijeron que estaban tan agradecidos que les daba vergüenza. Tras pensarlo, este comentario nos llevó a pedirles su testimonio y su apoyo para armar la litera que compramos para la ocasión.
traductor de ucraniano
Como traductor, es la primera vez que veo algo así: cuando vienen aquí, consiguen alojamiento y todo el apoyo que necesitan. Sinceramente, reitero mi gratitud por la solidaridad demostrada con el pueblo ucraniano.
Testimonio Pablo Piñeiro
For me, the Conscious Collaborative Accords has been much more than simply signing an agreement between both parties. It has been a process of self-discovery, as well as a reflection on what I expect from myself and from others.
Al ser un proceso tanto legal como, hasta cierto punto holístico, me he sentido durante todo el proceso como una parte fundamental del acuerdo. Aquí no se trata de "comprometer aspectos legales y colaborativos" aquí se trata de conocer las luces y las sombras de cada uno y con eso trabajar por caminar todos en una misma dirección con el fin de alcanzar una meta común y positiva para las partes.
Testimonio Javier
Testimonio Ricardo Romo
David Parejo
Los Acuerdos de Colaboración Consciente han sido un gran descubrimiento y una experiencia increíble para vivir el equilibrio entre trabajo y vida personal.
Todo el proceso fue y sigue siendo un viaje de reconexión para conocer a María José y su proyecto a través de una verdadera aventura co-creativa.
Me encanta el enfoque holístico que integra herramientas sólidas como el TKI, junto con principios y metodologías flexibles como Agile Lean, Indagación Apreciativa y Design Thinking. Quiero ser honesto y señalar que al principio estaba un poco reticente y no presté la atención que merecen los cuestionarios del TKI. A medida que el proceso avanzó, comprendí la importancia y la información que pueden revelar para superar los arquetipos y los desafíos que estos traen consigo. Son elementos “claves” y una pieza muy importante de todo el rompecabezas.
Disfruté muchísimo el juego de valores y las interacciones personales con María José, que ayudaron tanto a alinearnos como a dar forma a nuestra propia conexión. Fue increíble sentir que compartimos sueños similares y experimentar el poder del colectivo para alcanzar objetivos y resultados comunes, haciendo realidad que “¡no estamos solos!”.
A lo largo de mi carrera en el mundo corporativo, en posiciones ejecutivas, y como propietario de empresa y emprendedor, siempre he valorado el poder de las relaciones para nutrir alianzas sanas y a largo plazo. En algún momento, perdimos un poco de vista esa esencia y nos enfocamos demasiado en los objetivos y en las dinámicas de poder y control. Olvidamos el factor humano y nuestra propia humanidad.
He estado buscando durante mucho tiempo reconectar con ese propósito original, y estoy profundamente agradecido de haber encontrado a María José, quien es un ejemplo vivo y ha pasado gran parte de su vida con una mentalidad colaborativa. Ha sido una gran catalizadora para traer los Acuerdos de Colaboración Consciente como herramientas poderosas que facilitan la transición desde el antiguo y obsoleto modelo competitivo hacia conexiones colaborativas que fomentan una forma de vivir más natural y regenerativa.
Estoy feliz de formar parte de este viaje tan especial, en un proyecto que piensa en grande y en profundidad. Un profundo sentimiento de gratitud.
Íñigo Benedicto
(Colaborador de ACC)
Queríamos renovar el pacto de colaboración de nuestra empresa y el proceso ha sido tremendamente inspirador. Ha dado lugar a una conversación serena, honesta y empática que nos ha permitido, después de tantos años, comprendernos mejor en los buenos y malos momentos y fortalecer aún más nuestros vínculos. Utilizamos el juego de valores con nuestros nuevos empleados y nos ha ayudado a tomar decisiones estratégicas audaces con una fluidez sorprendente.
Santiago Barrueco
(Colaborador de ACC)
Una fantástica herramienta que te permite conocerte y ser conocido de verdad.
Glenn Meier
(Colaborador de ACC)
El proceso CCA es una forma fácil y divertida de desarrollar relaciones rápidamente con los demás. Al pasar por el proceso CCA cuando colaboré por primera vez con EHC, me integré rápidamente al equipo. Ellos comprendían aspectos importantes de mí y yo sabía aspectos importantes de ellos. A lo largo de nuestra colaboración, consultamos los temas que surgieron en nuestro CCA. ¡Es una herramienta fantástica para las relaciones colaborativas!
Maria Cuba
(Colaborador de ACC)
Hay momentos en nuestras vidas en los que tenemos la suerte de tener la oportunidad de formar parte de algo transformador, poderoso y al servicio del bien común. Hace unos meses, tuve esta oportunidad al conocer a María José y el Proyecto Colaborativo de Viviendas Vacías. Siempre me han preocupado los desafíos que enfrentan las personas, en particular las personas y familias marginadas, a la hora de encontrar un hogar seguro y digno.
Como alguien que creció sin el privilegio de ser propietario de una vivienda, conozco muy bien la inseguridad y el miedo que se siente al vivir en lugares que siempre se sienten temporales y sin sentido de pertenencia. Por eso, cuando descubrí EHC, no solo me sentí obligado a aprender más, sino que supe que quería formar parte de ello. Sin embargo, la falta de vivienda a menudo se ve como un problema de números, y cuando se trata de soluciones, a menudo nos encontramos con un enfoque pragmático que, si bien puede estar arraigado en los resultados, también está desprovisto de una perspectiva humana. El hecho de que EHC haya visto más allá de eso y haya creado un enfoque que prioriza a las personas con sus acuerdos Colaborativos y Conscientes es lo que lo distingue y lo que aporta la empatía, la dignidad y la compasión tan necesarias al proceso. Me sorprendió cómo cada paso de los acuerdos trajo consigo una nueva y poderosa forma de comprender y ver el proceso, las soluciones y los cambios que buscamos crear. No solo aprendí sobre EHC, las personas y las familias a las que pretenden servir y la complejidad de los problemas, sino que también aprendí sobre mi lugar en este viaje, la oportunidad de contribuir y los sentimientos.
y las creencias que alimentó. María José y su equipo de EHC realizan un trabajo fundamental para encontrar nuevos caminos y soluciones sostenibles para abordar el problema de las personas sin hogar, pero a la vez contribuyen a mejorar las sociedades, un medio ambiente saludable, la reducción del impacto climático y la construcción de comunidades colaborativas. Así es como lograremos soluciones: con innovación, mentalidad abierta, pero sobre todo, ¡JUNTOS!
Iñaki Zabala
(Aire Vasco)
Aunque me sorprendió la petición de María José Anitua, dado el tiempo transcurrido en relación con su labor profesional como asesora jurídica de Euskal Air (1991 / 1992), me complace poder ayudarla, dada la justificación de su petición: el nuevo reto de la colaboración público-privada en la reutilización de viviendas vacías.
Yo era director general cuando ella se incorporó a la aerolínea Euskal Air SA, que operaba bajo el nombre comercial de Nort Jet. La compañía se fundó a principios de 1989 por iniciativa de la Diputación Foral de Álava y la Cámara de Comercio de Álava, para operar vuelos regulares desde el aeropuerto de Vitoria.
El capital era principalmente vasco. La mayor parte pertenecía a tres bancos de esta región. El 14 de abril de 1992, cesó sus operaciones después de tres años. El cierre se debió a que el gobierno vasco no proporcionó el capital disponible y a que los aviones no eran tan rentables como se esperaba. Esta experiencia fue un importante aprendizaje.
En las negociaciones con el Gobierno Vasco, María José Anitua desempeñó un papel fundamental, manteniendo varias reuniones con el entonces viceconsejero del Gobierno Vasco, Fernando Buesa, con quien había trabajado anteriormente. Si bien las negociaciones no dieron los resultados esperados, quiero destacar la perseverancia, la honestidad, la implicación y la actitud positiva de María José en la búsqueda de soluciones viables.
Trabajó en equipo conmigo y con el director general de la empresa, Lázaro Ros, en una situación de extrema dificultad financiera. Se generó un clima de profunda confianza, hasta el punto de ofrecerle ser copropietaria para evitar la quiebra.
Esta confianza ha continuado en otros encargos profesionales en los que su ayuda y capacidad negociadora han sido materializadas con éxito.
Recomiendo a María José por su trayectoria profesional y excelente gestión en este ámbito de colaboración público-privada, a pesar de no conseguir los objetivos deseados en el caso de Euskal Air.
Ramón Bernal Uribarrena
(Funko)
Estimado señor/señora
Queremos reconocer la experiencia que nuestra organización, FUNKO, Confederación de Fundaciones del País Vasco, ha tenido con María José Anitua, durante el tiempo que ella ejerció como Secretaria Técnica de la organización.
FUNKO, como representante del sector fundacional en el País Vasco, mantiene una colaboración activa con el departamento del Gobierno Vasco que regula el Protectorado de Fundaciones. Es un interlocutor relevante que desarrolla una colaboración público-privada continua, lo que facilita un mejor contexto para que las organizaciones desarrollen sus fines sociales.
En esta tarea, durante 2016, Maria José Anitua colaboró con FUNKO en la revisión del borrador de la nueva Ley de Fundaciones que se aprobaría en el País Vasco. Se identificaron diversos artículos que, según su definición, podrían causar problemas de gestión, y se realizó un intenso trabajo para presentar propuestas que los solucionaran.
Tras una activa negociación, en la que jugó un papel importante María José Anitua, se llegó a un acuerdo sobre la nueva redacción del proyecto de modificación de la Ley, demostrando el buen resultado de la gestión realizada.
Todo ello reconoce la adecuada gestión realizada en este ámbito de colaboración público-privada entre FUNKO y el Protectorado de Fundaciones del Gobierno Vasco, en la que tuvo un papel destacado Maria José Anitua.
Firmado
Ramón Bernal Uribarrena
Actualmente miembro de la Junta Directiva de FUNKO, Presidente durante los años 2016 al 2021.
Jesús Alfredo Ispizua Zuazua
(Gobierno Vasco)
Jesús Alfredo Ispizua Zuazua, funcionario del Gobierno Vasco, en la actualidad jefe de la asesoría jurídica de la Dirección de Economía Social (Departamento de Trabajo y Empleo), manifiesta, a petición de la interesada y a los efectos por ella invocados, que ha conocido profesionalmente a María José Anitua durante el desempeño de sus funciones como responsable del área de asesoría jurídica de la Dirección de Registros Administrativos y Régimen Local del Departamento competente en materia de fundaciones (entonces Departamento de Interior, Justicia y Administración Pública).
A este respecto, cabe recordar que la Constitución Española reconoce el derecho de fundación para fines de interés general, de conformidad con el artículo 34.1 de la ley. En el caso de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV), se trata de la Ley 9/2016, de 2 de junio, de Fundaciones del País Vasco, cuyo artículo 1 define la fundación como un patrimonio privado afecto permanentemente a la realización de fines de interés general.
La ACBC es responsable, entre otras funciones, del registro de aquellas fundaciones a las que sea de aplicación.
Entre los actos sujetos a registro, el acto de constitución reviste especial relevancia jurídica. La formalización del acto constitutivo, su diseño orgánico y funcional, así como la especificación de las actividades que se realizarán y el régimen económico al que está sujeto —independientemente de los importantes efectos fiscales que se deriven— suele ser compleja para quienes desean destinar patrimonio privado a fines de interés general; más aún cuando varios fundadores concurren en la articulación del mismo interés general. Por ello, la labor de los asesores legales es decisiva para su formalización legal.
En este sentido, María José Anitua, en un caso concreto de especial complejidad, y como representante y asesora legal de intereses privados, ha desarrollado una excelente actividad profesional, a mi juicio, con singular pericia profesional, propiciando su alineamiento y conjunción con el interés general, para su configuración jurídica formal como fundación de acuerdo con la normativa fundacional autonómica vigente en cada momento.
Firmado
Jesús Alfredo Ispizua Zuazua
Entrevista de Miel A. Elustondo a Familia refugiada 1
Familia refugiada en espera de asilo en acuerdo de alquiler colaborativo.
“Nos han sucedido cosas que nunca pensamos que sucederían en nuestra vida”.
Es difícil comprender la situación de las familias refugiadas que ya viven entre nosotros, que comparten nuestras vidas, preocupaciones y las idas y venidas de la sociedad que compartimos. En el caso de la familia que nos ha acogido en su casa de Vitoria-Gasteiz, llegaron a nuestra ciudad en marzo de 2019 huyendo del miedo, e incluso aquí, deben mantener el anonimato por miedo…
Miel A. Elustondo – caballo loco
Empezaste a hablar del miedo…
Él: De donde venimos hay muchas cosas increíbles, literalmente increíbles. Nosotros mismos estábamos aterrorizados. Cuando llegamos aquí, hace medio año, tenía la costumbre de mirar a un lado y a otro, temiendo que alguien nos atacara. Mi familia ya me decía: "¡Tranquilo, ya no estamos! ¡Ya no estamos!". Sobre todo, nuestro hijo mayor: "¡Papá, para! ¡Para!". Ese miedo existe.
Ella: Y más ahora, con las redes sociales, todo se expande en un instante. No es como antes, cuando era muy difícil que la información llegara a otros lugares. Ahora ya no es así. Hemos visto demasiados casos.
Él: ¡Estos criminales tienen tanto dinero, tantas armas, tantos tentáculos! ¡Tanto que, en nuestro país, han infiltrado a gente en la Interpol para tener conocimiento y saber dónde están los generales y gente de ese rango! Si pueden hacer eso, ¡qué les puede pasar!
Ella: La corrupción existe. Presentas una denuncia y la propia policía les pasa la información a los delincuentes.
¿Por qué abandonaste tu país?
He: For fear that they would kill us, that they would kill my wife and children. [He points to a news item on his computer and reads us two headlines. The first one reads: “Arrested a violent hitman leader who traveled to Spain to expand in Europe”; the second one: “Capture of Interpol agent exposes corruption of the Urabeños in Colombia”]. In our country there is something called the bacrim, which are criminal gangs. In the big cities there are criminal gangs that operate as if they were a network, they are connected. They are taken as the biggest cartel in South America. In the neighborhoods they do what they call drug micro-trafficking, and they also charge vaccines.
¿Vacunas?
Él: Si tienes un negocio o una buena calidad de vida, se enteran. Vienen a ti, llaman a tu puerta y te dicen: «De ahora en adelante, nos vas a ayudar». Dicen que te van a proteger. Es como si dijeran, porque ¿de qué nos van a proteger, si no de sí mismos?
Ella: «Te voy a proteger, pero si no me pagas con dinero, me pagas con la vida de un familiar». Eso es lo que quieren decir.
Él: Sucedió que vinieron a decirme eso. Por ejemplo: ganas cien euros, así que planeas tu vida para vivir con esos cien euros. Cuando alguien viene y te dice que tienes que darle quince de esos cien euros, tus finanzas se desequilibran, porque tienes facturas que pagar, por ejemplo. De hecho, yo había montado un negocio que iba bien, porque trabajábamos duro en él, pero eso no significa que tuvieras millones, porque no es así, porque yo debía dinero a los bancos. Pero la cosa es que el negocio iba creciendo, y entonces, esta gente vino a cobrarme. Poco a poco, las finanzas empezaron a apretarse, y eso es lo que siempre me decían, que si no les pagaba, me cobrarían con la sangre de mi familia. Cuando vi esa situación, pensé que tenía que buscar una alternativa. Y mi alternativa era no ir a la policía, porque vimos que ellos hablaban con la policía. La policía los vacuna, les cobra impuestos.
Ella: La policía sabe que existe esa red, pero para que ellos puedan trabajar, las pandillas pagan a la policía.
Él: Entonces empecé a ver que la situación no tenía futuro. Empecé a pensar qué hacer. ¿Irme a otra ciudad? ¡Es lo mismo, porque las bacrim están conectadas! Como me estaba estrangulando económicamente, tuve que salir de todo: tuve que vender el negocio, el coche... Pedí crédito en los bancos, y con ese dinero nos fuimos. Podría pedir crédito a los bancos para pagar a las bandas, pero llegará un momento en que no podré devolverles el dinero, ni me prestarán más, y entonces las bandas vendrán a ejecutarme. No hay otra opción. Ya había pasado donde vivíamos. Lo que pasa es que nunca piensas que te va a pasar. Al dueño de la carnicería lo mataron.
Ella: Y el de la funeraria fue atacado. Como la historia de "Anocheció, y el Señor no amaneció".
Él: Trajimos a nuestros hijos con nosotros, supuestamente de vacaciones… Tengo que decir que ni siquiera le conté a mi esposa sobre estas cosas, pero ella se dio cuenta.
Ella: Sí, dije que algo pasaba porque él estaba raro. Le pregunté: "¿Qué pasa con el dinero? ¿Por qué lo vendes todo?".
Él: Nunca les dije nada porque no quería meterles miedo. Y en el trabajo nunca le dije nada a nadie, porque no se sabe quién conoce a quién. Y, además, ¿quién va a estar al lado de alguien que en cualquier momento, si no paga, lo van a matar? ¡Hasta las areperas tienen que pagar!
She: For example, my son always asked for a trip to Paris, as a quinceañero [Quinceañero, a “coming of age” that is celebrated with great jubilation in different Latin American countries]. That trip was planned a long time before. We tried to stick to the plan. The children were not told anything. We arrived in Barcelona, and four days later, we had to talk to them. And that’s when our daughter went into depression.
Él: Después de Barcelona, pasamos unos cuatro meses en París, y después llegamos a Vitoria, a través de una amiga de mi mujer.
Ella: Teníamos que encontrar una salida, teníamos que sobrevivir como pudiéramos. Le dije a mi marido que iba a hablar con una amiga que conocía y que estaba aquí, en Vitoria. Hacía muchos años que no hablaba con ella. Le dije que íbamos a Valencia. Pensó que estábamos de vacaciones. Nos dijo que nos quedáramos con ella unos días y que luego iríamos a Valencia, porque decían que había mucha más gente de todas partes, que podríamos vender empanadas, como en París… Y nos gustó mucho aquí, nos pareció muy agradable… Empecé a hablar con mi marido, que teníamos que pedir ayuda, pero teníamos miedo. De hecho, al principio, mi marido fue solo a la policía. Luego fuimos todos, porque le dijeron que tenía que traer a toda su familia. Así que fuimos todos y todo el proceso empezó aquí. Pasó una semana desde que llegamos hasta que fuimos a la policía.
¿En algún momento contactaste con Arteale y Arcem?
She: We started looking for an apartment here, in real estate agencies or on the street. But we don’t have any documents other than our passports. And they told us no. My friend said to rent an apartment in her name, but you don’t want to cause problems for people. So, I thought of telling the whole truth to a real estate lady. Her name is Inés, an angel sent by God. I told her everything that was happening, she told me to come the next day at such and such hour, that she was going to talk to a friend, a property owner, to see if she could help us. She said she was a very busy person, but let’s see! He gave us an address, we went and that’s how we met María José [Anitua], from Arteale, who provided us with the apartment. Through Arteale, we contacted Arcem. But they told us that if they helped us one hundred percent, it turned out that we could be left without Arteale’s apartment, that they could send us to other cities, where they could place us… It was like starting again from scratch. And we, after having been super-displaced, super-stressed… and already having an apartment… we said no. Having an apartment was for us like living again. Not to start again. For our daughter, the change here [Europe] was horrible. Once in Vitoria, she started to feel better. She draws very beautifully. When we were in Paris, her drawings reflected sadness. When we arrived here, her drawings changed.
Firmaste un contrato de alquiler colaborativo con Arteale. ¿Cómo fue el proceso?
Él: Estamos inmersos en ese proceso. Para nosotros es algo nuevo. Arteale, como su nombre indica, es arte, y por eso tenemos que plasmar nuestra idea del contrato en un dibujo. Tenemos que ser muy naturales. No es un contrato normal: se paga una tarifa y listo. Estamos acostumbrados a eso. Pero en este caso, no es así.
Ella: Nos pareció bien poder contribuir con nuestros dibujos, con nuestra visión. Estamos acostumbrados a ser muy independientes, y nos pareció muy agradable que nuestros hijos aportaran su visión con sus dibujos, que pudieran formar parte del proyecto. Luego se nos hizo difícil, porque es como plasmar una idea en papel, y eso es difícil. Pero hemos estado aprendiendo a hacerlo. DIBUJOS ¿La visión, la misión, la piedra de toque, los puntos clave?
Él: Ahí está definir qué puedes y qué no puedes hacer. Nos ha gustado desde el primer momento, dejar las cosas claras. Me viene muy bien marcar hasta dónde puedes llegar. Lo que nos ha dificultado el proceso es que olvidamos las citas, las reuniones. Puede que piensen que nos estamos haciendo quedar mal porque queremos, pero no es así. Para nosotros es muy importante hacer las cosas bien y estamos increíblemente agradecidos con Arteale, porque Arteale nos abrió sus puertas en cuanto llegamos. Arteale nos ayuda con la vivienda y es un puente para todo lo demás. En ningún momento se nos ha pasado por la cabeza quedar mal con ellos, con Arteale. Eso es lo que nos ha dificultado todo el proceso. Ella: Estamos tan estresados, tan estresados, que cuando tuvimos que ir a la policía a hacer la solicitud y todo, dejamos los pasaportes en casa.
Él: Tenemos todos los documentos súper organizados, tanto originales como copias, pasaportes y tarjetas sanitarias… Todo. ¡Y ese día que íbamos a la policía nos dejamos los papeles en casa! Somos personas correctas, competentes, pero hemos quedado mal delante de Arteale más de una vez por equivocarnos en nuestras citas. La última vez que pasó, me senté en el sofá medio desesperado, intentando comprender qué nos estaba pasando: "¿Por qué nos pasa esto una y otra vez si supuestamente tenemos todo bajo control?". Empecé a hacer un autoexamen, intentando visualizar la situación. Durante el día no tengo nada más que hacer que ir a estudiar. Inconscientemente, mi cerebro siempre está pensando en el futuro, el pasado, la situación actual… siempre está encendido. Tengo ahí dentro lo que nos dijo el abogado: que a muchas familias de refugiados se les ha denegado la solicitud de asilo. Todo es incierto… Nuestro hijo no está estudiando. Yo, mantengo la mente ocupada, porque si no, siempre estoy pensando: "¿Y si…? ¿Y si…?". Basta con que te nieguen los papeles para que te bloqueen, porque te marginan, porque te vuelves indocumentado y ya no tienes la opción de ofrecerles a tus hijos una universidad, un futuro, ni de ofrecerles mi ayuda, mi mismo potencial… Todo sigue ahí, sin camino que recorrer. De momento, lo único que hacemos es, tras solicitar los papeles de asilo en la policía, esperar seis meses a que nos los den o no. Espero que todo salga bien, porque en seis meses termino mis estudios aquí. ¿Y si no? Todo eso me mantiene en un laberinto, con la mente muy congestionada, intentando visualizar el futuro y alguna salida de emergencia… ¿Qué pasaría si no nos concedieran el asilo? ¿Qué pasaría con el proyecto de Arteale? Porque somos un proyecto… Vivimos con el miedo de volver a pasar por lo que pasamos antes de venir aquí. No tenemos ninguna estabilidad, estamos muy estresados. Ella: Lo único bueno que tenemos es que tenemos un apartamento, una casa. Cuando entramos en esta casa no nos lo podíamos creer. Cuando Arteale nos puso las llaves, no podía creerlo. "¿Está pasando esto?" Porque una cosa es contarlo y otra vivirlo. Uno tiene sus comodidades, su casa, su vida... Llegar a París fue dormir en una cocina, en una sala... Luego en casa de una amiga. Tenía un perro en una habitación y la mandó acondicionar para nosotros... Le doy las gracias en el alma, pero llegar aquí fue...
He: Getting into this house was a lottery, literally! Things that we never, ever, ever in our lives thought would happen, have happened to us. From one moment to the next, life gives you a 180-degree turn that you are left, literally, in hinopia. Like that, literally. Because we didn’t even have a bed, we had a mat on the floor [floor].
Ella: La amiga de la que hablo hace uñas en su casa, y estaba allí con sus amigas a las nueve, diez y once de la noche. Y hasta que no se iban, no podíamos acostarnos, porque era la habitación donde ella trabajaba y donde nos acostábamos.
Él: O nos decía: «Mañana viene alguien, llega muy temprano, tienen que recoger la habitación muy temprano»… Siento que estamos como provisionales, esperando la resolución de la policía, esperando para pedir el permiso de trabajo más tarde. Ahí es cuando siento que puedo ponerme manos a la obra. Que podemos trabajar y depender de nosotros mismos.
Entrevista de Miel A. Elustondo a Familia refugiada 2
Testimonio anónimo
Esperanza e ilusión, el viaje de una familia refugiada.
Llegaron a Vitoria-Gasteiz en julio de 2018. Afirman abiertamente que en su país tenían muchos problemas, «por culpa del terrorismo». Él era policía, llevaba siete años trabajando como tal, y en la zona que vigilaba y patrullaba se estaban produciendo casos de terrorismo. Decidieron abandonar el país.
Miel A. Elustondo – caballo loco
Recibía amenazas de muerte que lo instaron a renunciar a su trabajo como policía. Dice que no era nada personal, que no había otra razón para amenazarlo, aparte de su trabajo. "Les pasó a muchos de mis compañeros. Mi esposa y yo decidimos que no podíamos seguir así, así que solicitamos una visa para salir del país como turistas". Un permiso que, en realidad, solo es válido por quince días o un mes.
La pareja en cuestión voló desde su país a Madrid. Ella estaba embarazada de dos meses. Tras aterrizar en Madrid, fueron a Bilbao «porque habíamos oído que en el País Vasco se trataba bien a la gente. No teníamos amigos ni conocidos, pero teníamos la idea de solicitar asilo. Lo teníamos claro. Salimos de nuestro país con esa idea». En Bilbao, acudieron a la oficina de CEAR, donde expusieron su caso y su intención de solicitar asilo. «Les contamos nuestra historia y nos explicaron su programa de asilo —ayudas, alojamiento, etc.— desde el inicio de nuestra solicitud hasta que recibimos la respuesta de Madrid. Todo lo hicimos sin que nadie nos acompañara. Hasta que contactamos con CEAR no tuvimos ningún tipo de ayuda. Hicimos ese viaje solos, mi mujer y yo, siempre solos. Y tampoco sabíamos ni una palabra de español. No sabíamos decir nada más que «Hola», menos mal que en CEAR tenían traductores», cuenta. Sin embargo, además de su lengua materna, saben hablar francés e inglés.
Following CEAR’s program, they stayed for two months in a hotel in Derio (Bizkaia). They say they did nothing: “Eating, sleeping, sitting, walking and, above all, waiting, nothing but waiting until they got an answer to officially enter CEAR’s foster care program. In that same hotel there were people who had been waiting for six or seven months for an answer. We met, for example, a girl from Georgia who had been waiting for a year and two months for an answer. In the end they received it, and we know that they are now in A Coruña. We keep in touch with them. In the case of our protagonists, it didn’t take so long to receive the answer to their application. “We received it after two and a half months. They told us that they would send us to Vitoria-Gasteiz, where we would live in an apartment, within the CEAR program, although we would share the housing. They bought our bus ticket in Bilbao and sent us here. Accem people were waiting for us at the bus station and took us to an apartment. There was an empty room there that we occupied, and that’s where the host program really began. It was October 9, 2018,” they note, in closing. They shared an apartment with different people: a couple from Ukraine, a girl from Colombia and another one also from Ukraine. According to the first phase of the reception program, they had to reside for six months in that first house in Vitoria-Gasteiz and then receive the relevant aid, always managed by Accem: “Apart from other aid, they provided us with housing and helped us financially, for six months, with 50 euros per month for each adult member of the family. In that six-month period we had to find housing for our family, counting that we would receive an allowance of 560 euros to pay the rent and another 560 euros to subsist, to buy food and everything else: a total of 1,150 euros for everything”. And that is how they faced the arduous task of renting housing, without achieving their goal. “Renting housing is very difficult. People don’t want to rent their housing to any foreigners, or people with small children…. On the other hand, rents are expensive. They can cost 600 or 700 euros, so we could not find any apartment, and Accem extended the first phase, one month after the other, four months more, until we found the apartment we occupy now, the one in Arteale, through Accem. An apartment in the heart of the city, on San Antonio Street. And they tell us first-hand about their conscious rental experience. “The first time we met, the lawyer from Accem and María José [Anitua], from Arteale, participated in addition to us. That day, we talked about various topics in general. After that, we began to meet once a week and, later, once a fortnight. The aim was none other than to get to know each other, build trust, work on our values, establish limits or red lines…. We began by explaining how we had tried to find a rental property. We had a list of the real estate agencies we had visited, and another one of the rental apartments advertised on the Internet. All the landlords asked for a paycheck, a bank guarantee -sometimes-, and things that were impossible for us”. After holding some joint sessions, each of our characters had individual meetings with María José Anitua. “Yes, and so we kept talking about the values, about how we were going to manage the situation in case there were problems with the neighbors, about this and that… For a month and twenty days we talked about everything, in three-hour meetings. The meetings were perfect for building trust between Arteale and us. In reality, there was no difficulty other than the language, because we did not master it.” In the case of the woman, she did not start studying Spanish until September 2019, because of her pregnancy and subsequent motherhood.
They served their allotted period living in the Accem apartment until another family occupied it. Faced with the situation, Arteale somewhat accelerated the conscious rental process. “In the end we were conceded the apartment and we ‘premiered’ it on July 4, 2019, Thursday. We remember it well because it was all one: finish the Accem contract, pick up the things and come in here, to sleep… And it was great, it was really great. When they told us we were going to move into this house, it was phenomenal. After nine months of living in a room, and with a newborn son, it was very good for us. It is a very good apartment, in the heart of the city. It’s almost a dream to get this apartment, and at this price!”. Both are very grateful to Arteale. In any case, before moving into the apartment they currently occupy, they made their presentation to the community. To do so, they held a neighbors’ meeting. “We talked with them, in case problems arose, because in this community everyone is from Vitoria-Gasteiz, a foreigner has never lived there. It went very well. And so far we haven’t had any problems. We have been here since July [the interview was done in December 2019] and I still don’t know the neighbor. They say she is an old lady, but we don’t know her.”
No a la solicitud de asilo
Desde que llegaron a Vitoria-Gasteiz en octubre de 2018, empezaron inmediatamente a estudiar español en los cursos de Accem. Después, él completó diferentes cursos, tanto teóricos como prácticos, y empezó a trabajar en un almacén en Jundiz. «Los primeros seis meses no teníamos permiso de trabajo, solo la tarjeta roja. El 7 de junio de 2019 me dieron el permiso de trabajo, justo cuando estaba haciendo prácticas en una empresa en Jundiz. Terminé el contrato, recibí el permiso de trabajo —temporal, renovable cada seis meses— y empecé a trabajar: las cosas se sucedieron». En cuanto a ella, hizo un curso práctico en una panadería y estaba a punto de empezar a trabajar en el mismo lugar. Y justo cuando ya tenían vivienda y trabajo, recibieron una llamada de Accem: les iban a denegar el derecho de asilo que solicitaban. De vuelta al principio. Si nos deniegan el asilo, nos lo quitan todo: el permiso de trabajo, la tarjeta roja… ¡todo! Nos quedaremos sin nada y fuera del programa de asilo. Arteale ya nos ha dicho que, aunque nos quedemos sin ayuda, nos ayudará a pagar el alquiler de la vivienda y también nos dará ayuda para comer. Pero esta no es la solución que buscan. No queremos depender de la ayuda de nadie, ni del ayuntamiento ni de quien sea. No tiene sentido que dos personas que han estado trabajando tengan que recurrir a ayudas porque les han denegado el permiso. Esta situación no nos hace sentir bien. Él lleva más de seis meses trabajando y mantiene buenas relaciones con sus compañeros. Y ella también está ilusionada, lista para empezar a trabajar. Y ahora nos dicen que nos van a denegar el asilo, que nos lo van a quitar todo… y no explican por qué. Solo tenemos que esperar. Esperar y esperar… En cuanto recibamos la notificación, tendremos que dejar de trabajar. Ya nos han dicho que Arteale nos ayudará a gestionar la ayuda del ayuntamiento, y si esa ayuda no es suficiente, Arteale está planeando otra forma de ayudarnos. Tendremos un préstamo para que podamos sobrevivir hasta que obtengamos la residencia. Llevamos aquí un año y medio, y la ley exige una estancia de tres años para obtener la residencia. Después podremos volver a trabajar con un contrato. Ese es su plan, esa es su esperanza.
Entrevista de Miel A. Elustondo a Alberto Meléndez y M. J. Almaraz, propietarios de vivienda vacía en el proyecto EHC.
Alberto Meléndez and María José Almaraz
“Nuestro hijo se encarga de que, pase lo que pase,
Esta familia tiene un lugar donde vivir”
Alberto y María José son propietarios de uno de los apartamentos que una familia de refugiados de Afganistán alquila. Tenían una casa vacía que conservaron para poder disponer de ella en caso de necesidad. No imaginaban que este apartamento realmente iba a cubrir necesidades, pero no las suyas, sino las de una familia afgana.
¿Cómo comienza tu participación en este proyecto?
Alberto: We had an apartment that we occasionally gave to various people, and it was occupied for some periods of time, temporarily and temporarily. But we had no intention of doing business with him. We wanted to keep him, just in case, in case our son [Carlos] or his in-laws needed him. On the other hand, it seemed absurd to have it empty. So, one day, talking to María José [Anitua], she told us about this project of conscious contracts. It was all very natural. It seemed to us a simple process, in which, in addition, we could include our possible floor needs. Impossible easier! We were already told that the rental price was going to be below the market price, but we also did not have an urgent need for money. We were excited that the house was used by people who really needed it, so everything fit together very well.
María José: María José [Anitua] made it very easy for us. We did not have another project for that house, and it seemed nice to help others, while they helped us. It was reciprocal. And we already knew the difficulties that refugees go through.
A.: We sensed that they were not having a good time, but we did not really know their difficulties. We never even imagined them. In this sense, this relationship has involved a knowledge of its reality. On the other hand, many of our family performances are based on trust, and that also helped us to participate in the project that María José [Anitua] presented to us.
Cuéntanos un poco sobre la confianza. ¿Qué significa? ¿Qué significa para ti?
A.: Due to our work, throughout the week we interact with many people and that makes us learn to know people, without judging them, but knowing them. And María José [Anitua] inspired a lot of confidence in us. She herself is the initiator of the project, the first owner to offer her apartment for rent to refugee families. That says a lot in your favor. And I even remember a day when he called us very early in the morning saying that we were aborting the [rental] operation, that we were not going ahead, that the family we had assigned had problems to solve before we could rent our home. I want to say that María José [Anitua] pampers us, takes care of us, and that is a guarantee.
¿Y cómo recuerdas el primer encuentro con la familia refugiada?
R.: Vivimos a las afueras de Vitoria-Gasteiz, en un pueblo, así que no solemos ir y venir a reuniones ni a compromisos allí. Pero el primer día que conocimos a la familia de refugiados fue espectacular, porque significó la caída de muchos prejuicios. ¡Y una sensación de normalidad…!
MJ.: Claro, diría yo. Al fin y al cabo, es una familia como la nuestra, una familia. Aunque recuerdo que ese primer día nos comunicamos con la ayuda de un traductor. Ahora es diferente, porque se comunican en español, y los dos hijos que tienen aquí lo hablan bien.
R.: Hubo dos personas clave para facilitar esta comunicación: dos trabajadores de Accem, un abogado y el otro trabajador social.
MJ.: Nos hicieron ese primer puente, nos acercaron a la familia.
R.: Lo recuerdo con voces. No recuerdo que el traductor me comunicara nada. Recuerdo que me comunicaba con ellos. Fue espectacular. Estaban muy agradecidos, y me preocupaba un poco que estuvieran tan agradecidos, considerando que nos estaban solucionando un problema: el de la casa vacía. Decir gracias tantas veces no parece justo, pero ya ven todas las posibilidades que se les abren con un piso. Si no, sería terrible. También tengo muy presente el dolor con el que hablan de su país, de lo que está pasando en Afganistán… La casa que ocupan ahora está cerca de las vías del tren, y nuestra preocupación era que el ruido del tren les molestara, pero ellos lo dijeron claramente: lo que oían en casa, en su país, era el ruido de las bombas. «El ruido del tren es música», nos tradujeron.
¿Cuentan las cosas de su país? «El ruido de las bombas», dijiste…
R.: Tenemos que ser muy respetuosos con ellos. No podemos tomarles fotos, por ejemplo, ni acosarlos con preguntas sobre la situación en Afganistán. Hay mucho sufrimiento en sus ojos. Y, por ejemplo, sus hijos no han ido a la escuela y han estado confinados en casa por miedo a los talibanes. Los dos niños que están aquí con ellos llegaron con 14 y 16 años, ¡y nunca habían ido a la escuela! Llegan, y en diez meses están en el curso que les corresponde, ¡y uno de ellos, el mayor, sacando buenas notas!
MJ.: Nos han dicho que en Afganistán no enviaron a sus hijos a la escuela porque los talibanes llegaron allí y se llevaron a niños y niñas. También nos dijeron que la música está prohibida…
R.: Son gente normal, gente que pudo haber nacido en Vitoria-Gasteiz, gente que tenía su profesión, su forma de vida, y que, sin embargo, tuvo que huir de su país porque su vida corría peligro.
MJ.: Tienen dos hijos más, mayores, que salieron de Afganistán tres o cuatro años antes que el resto de la familia, y han vivido esos años sin tener noticias suyas. Cuando la familia finalmente llegó aquí y logró contactar con los dos mayores, se quitaron un gran peso de encima.
R.: Cuando les preguntamos cuántos hijos tenían desde el principio, no respondieron con claridad. Ahora es otra cosa, ahora lo comentan abiertamente. Tienen dos aquí y otros dos, mayores, que salieron de Afganistán antes que ellos y están en Europa. En ese sentido, nuestra comunicación se ha normalizado.
¿Qué opinas de la forma de formalizar el contrato consciente? ¿Y del contrato en sí?
A.: Este contrato, como comprenderás, no es el típico contrato con cláusulas, anexos y letra pequeña que nunca se puede leer. En este caso, el contrato consciente no es un contrato normal; se elabora en conjunto, cada uno indica sus valores, su visión, los puntos clave, el acuerdo económico… y cuándo, cómo y con quién debemos hablar si surge algún problema. Sigue siendo papel, algo simple, pero Arteale nos lo facilita, con dibujos incluidos.
MJ Anitua: Nos dijeron que era posible que surgieran problemas, por este tipo de contratos, a la hora de solicitar el padrón, el ingreso de la fianza, etc. y formalizamos un contrato por escrito, pero tanto el padrón como el Gobierno Vasco lo aceptaron sin problemas, así que seguiremos utilizando el contrato en formato cómic.
MJ.: Creo que para ellos es mucho mejor así, porque el problema era el idioma. La expresión gráfica la entendemos todos.
R.: Eran cosas muy obvias. Teníamos la sensación de estar explicando límites, pero estábamos convencidos de que ya los haríamos desaparecer, de que ya buscaríamos soluciones. Nuestra situación es de poder, y, en cualquier caso, no me parece apropiado ser tan estrictos con estas familias de refugiados, que necesitan vivienda y que se mostrarán dispuestas a firmar lo que sea necesario para tener una casa donde vivir. Cuando hay acuerdo y disposición para entendernos, es más fácil. ¿Qué habría pasado si esta familia no hubiera aceptado nuestros límites? Quizás nosotros tampoco habríamos cumplido el contrato…
MJ Anitua: El proceso de este contrato consciente ayuda a generar confianza. Sin esa confianza, priorizando únicamente la legalidad, el acuerdo podría no haber sido posible. El hecho de que ambas partes se conozcan también es muy importante, ya que ayuda a generar confianza.
R.: Es cierto, porque cuando los conocimos, todo cambió. En caso de necesidad, me veo buscando un piso que se ajuste a nuestras necesidades, antes de molestar a esta familia de refugiados para que abandonen nuestra casa, como estipula el contrato.
¿Cómo habéis trabajado los valores, la visión, la misión, la piedra de toque…?
R.: En nuestro caso no teníamos mucho tiempo, así que Arteale hizo de puente entre la familia refugiada y nosotros, aunque nuestras necesidades y líneas rojas aparecen en el contrato.
MJ.: Señalamos algunas cosas muy sencillas: respeto a los vecinos, cuidado con la música, animales no…
MJ Anitua: Entre las líneas rojas, por ejemplo, se incluyó que, en caso de que los propietarios necesitaran deshacerse del apartamento, dado que los padres de María José son mayores y podría darse el caso, la familia que ocupa ese apartamento estaría de acuerdo en dejarlo. Accem no vio con buenos ojos este punto; no quería que la familia refugiada lo aceptara, porque la legalidad no lo contempla. Sin embargo, la familia refugiada, en cuanto comprendió que el caso de necesidad provendría de los padres mayores de María José, lo comprendió. Además, no es que tengan que dejar el apartamento y quedarse en la calle. No. Pero podrían tener que mudarse hasta tres veces de casa, hasta que encuentren la que se ajuste a sus necesidades, porque no es fácil alojar a una familia de cuatro en Vitoria-Gasteiz, donde los alquileres están por las nubes.
MJ.: Me cuesta entender tanta gratitud. Es cierto que, por un lado, nos corresponde, tenemos derecho a ello, pero es como cuando revisamos el contrato. ¡Una y otra vez! "¡Bueno, los estamos aplastando!", dije. "Los estamos aplastando". Fue excesivo. Y, además, es cierto lo que dice Alberto: que tenemos cierto poder, porque no tenemos necesidad de alquilar la casa, y, por otro lado, ellos sí.
R.: Creemos que esta apreciación se normalizará sin más. Recuerdo que al poco de instalarme en el piso, fui a preguntarles qué tal estaban. "Bien, bien... Sin agua caliente", me dijeron. "¿Cómo que no hay agua caliente?". Llevaban una semana sin agua, ¡simplemente porque no habían encendido la caldera! ¡Siete días sin agua caliente, y ni siquiera nos llamaron! Coincidió que fui; si no, seguían diciendo "¡Todo bien, todo bien!", aunque en realidad no todo salió bien.
MJ.: Ahora, como hemos pasado por esa experiencia, insistimos, porque entre quienes no entienden y el idioma es una barrera, y le dicen a todo el mundo "¡Sí, sí, sí!", sabes que hay cosas que no han entendido. Entonces, te dices: "Empecemos de nuevo". Sus hijos están escolarizados aquí, ya hablan español y nos sirven de intérpretes. Los padres nos pidieron inmediatamente un televisor para familiarizarse con el idioma. Los niños, por otro lado, nunca faltan a clase; son súper responsables. Guardan el correo, las facturas... ¡todo! Son súper respetuosos.
Hoy se han reunido en su casa, pero también han estado en la suya. Tienen cierta relación...
MJ.: Sí, hemos ido a su casa más de una vez, y siempre que vas te reciben con té, frutos secos, bizcocho… De todo. Y, además, te llevas un tupper de arroz o parte del pan que han hecho ellos mismos en casa…
MJ Anitua: Y a través de todo este proceso de conocimiento mutuo, nace una relación casi como una familia, surge algo diferente.
A.: A veces te cuentan sus necesidades. Por ejemplo, podrían usar bicicletas, ya que se desplazan mucho. Podríamos ir a la tienda a comprarlas, pero esa no es la relación que queremos tener con ellos: una relación de poder o paternalista. No se trata de comprarles un bono de autobús ni la tarjeta de la piscina, sino de enseñarles a desplazarse en autobús o a acceder a las redes de centros cívicos. Buscamos otras maneras de ayudarte a satisfacer tus necesidades.
MJ.: O la madre, por ejemplo, nos dice que necesitaría un amigo. Les gustaría pasar más tiempo con nosotros para aprender a ir a la montaña, o a caminar al pantano, o al parque de Judizmendi, pero tenemos el tiempo que tenemos, que tampoco es mucho.
A.: Conviven mucho. Cuando vas a su casa, si no están los cuatro, hay tres, y el cuarto es que está en clase. En uno de sus dibujos, eso es precisamente lo que aparece: una casa, con un camino que parece un lugar para caminar…
MJ.: Tu agenda está repleta de citas médicas, lo que nos hace pensar que hay mucha somatización. Tienen citas y más citas. Han tenido experiencias traumáticas y ahora están aflorando todos sus sufrimientos. Muy pocos miembros de una familia de refugiados no tienen problemas de salud.
A.: Y como ya no hay un sujeto sano, sino uno poco estudiado, estos, como tienen múltiples molestias y cosas muy raras, se estudian de pies a cabeza y, al final, claro, encuentran algún tipo de insuficiencia. ¡Claro que no! Me temo que se sienten enfermos, porque una cosa es tener una enfermedad y otra sentirse enfermo.
¿Qué has aprendido de este proceso? ¿Qué te aporta?
R.: Ahora mismo, esto ha reafirmado nuestra creencia: confiar en la gente suele funcionar. Por otro lado, personalmente, me dolió tener el apartamento vacío, así que ese problema está solucionado. Creo que para nuestro hijo también es importante. Y tenemos nuevos amigos…
MJ.: No sé si hemos aprendido algo nuevo, porque ya tenemos varias experiencias al respecto, pero no nos ha hecho daño. Y nuestro hijo, por ejemplo, los defiende, se encarga de que, pase lo que pase, esta familia tenga un lugar donde vivir. Para Carlos, es una forma de aprender a compartir, a ser generoso, a pensar en los demás.
Nerea Melgosa, directora de Igualdad y Derechos Humanos de la Diputación Foral de Álava
(Comunidad Autónoma del País Vasco, España)
“La implicación personal es una de las claves del éxito”
La actual directora de Igualdad y Derechos Humanos de la Diputación ocupaba, cuando la entrevistamos en la primavera de 2019, el cargo de concejala de Convivencia y Diversidad, y de Empleo y Desarrollo Económico Sostenible en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Es inevitable que la perspectiva municipal predomine sobre cualquier otra a lo largo de toda la entrevista.
¿Cómo empezó el proyecto piloto de alquiler consciente?
En realidad, fue una casualidad. Antes de la reunión que mantuve en junio de 2018 con María José Anitua y otros organizadores de ADCE para preparar el congreso de contratos conscientes en noviembre de ese mismo año, ella se había reunido con la jefa del Servicio de Convivencia, Diversidad y Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Estitxu Pereda, y sabíamos que existía un grave problema de vivienda. La mayor demanda de vivienda provenía de personas migrantes y familias refugiadas. Vimos que estas personas estaban realizando su itinerario de inserción e inclusión en la sociedad, porque la acogida era muy buena, pero que la integración no era real, porque no había vivienda. Sabíamos que, después de haber trabajado con estas personas, muchos de los permisos podrían ser "retirados" por falta de vivienda. Así que, cuando los organizadores del congreso vinieron a explicarnos qué eran el derecho colaborativo y los contratos conscientes, se nos ocurrió proponer su aplicación en el caso de las viviendas de familias refugiadas.
¿Cuál es la política de vivienda de un ayuntamiento?
La política de vivienda tiene dos partes. Por un lado, tenemos a personas que no quieren alquilar su vivienda por miedo y desconocimiento del inquilino sobre su naturaleza —lo cual también tiene un valor sentimental—, y por otro, tenemos un sector de la población que quiere unir a todos los migrantes en el mismo barrio o edificio. No nos pareció adecuado aplicar esta medida; nunca hemos optado por esta forma de trabajar. Así que cuando alguien viene a decirnos que se siente capaz, que tiene otra forma de trabajar —un contrato consciente—, que es capaz de negociar, de hablar y de conocerse… nos parece una cuestión de sentido común. En este caso, hablaban de poner en contacto al propietario de una vivienda con la familia refugiada… Nosotros, como Ayuntamiento, no podíamos dejar a estas personas solas. Puede que tuvieran suficientes conocimientos legales sobre contratos conscientes, etc., pero también es cierto que el mundo de los refugiados les resultaba desconocido.
¿Hay alguien que esté familiarizado y trabaje con refugiados a nivel municipal?
En Vitoria-Gasteiz, y en el Estado español, hay principalmente tres asociaciones que abordan la cuestión de los refugiados a través de la Unión Europea: Cruz Roja, CEAR y Accem. Nosotros, como Ayuntamiento, trabajamos en la mesa de refugiados. Llevamos varios años trabajando en este tema, la situación de las familias, etc., aunque lamentablemente son muy pocos, porque el contingente que llega aquí y a todo el Estado español es muy escaso. Conocemos las peculiaridades de cada asociación y cómo podemos colaborar con cada una de ellas. Nos pareció que la Fundación Arteale podría colaborar con Accem, una ONG con la que es muy fácil colaborar y una experiencia muy interesante. Se trataba de crear redes, de construir ese tejido o esa red. Cuanto más consistente sea esa red, mejor ciudad haremos, porque se sentarán las bases. Me gusta que la gente se conozca, que trabaje en equipo, tejiendo la red. Una cosa llevó a la otra, una comisión dio lugar a una reunión, y empezamos a tejer.
¿Qué opinas de las barreras culturales y lingüísticas? Siempre surgen...
Al comenzar cualquier experiencia piloto, hay que empezar por lo fácil. Estaba seguro de que Accem elegiría una familia cómoda para empezar a trabajar. Todos queríamos que la experiencia saliera bien. Elegimos una familia con español y una cultura similar a la nuestra. Me pareció increíble que María José Anitua ofreciera su propio apartamento para la experiencia. La implicación personal es una de las claves del éxito. La parte emocional juega un papel importante… Este es un compromiso personal, un proyecto nuevo y muy mimado, y tiene que ser así. Es como un bebé. Antes de dejarlo en manos de la comunidad, hay que cuidarlo, ver sus defectos y posibles mejoras, protocolizar el proceso hasta que se extienda a toda la comunidad. Hay que ir poco a poco, sin exponer a las familias refugiadas a titulares de un día. Son personas con grandes mochilas a cuestas, personas a las que tenemos que cuidar. Y, del mismo modo, tenemos que cuidar a las personas que están poniendo su profesionalidad sobre la mesa, exponiendo su herencia, la de su familia y su propia existencia. Así que, paso a paso.
Usted ha mencionado a la Cruz Roja, CEAR y Accem como las tres asociaciones que se ocupan de los migrantes a nivel de la Unión Europea.
Cada familia de refugiados tiene un proceso de llegada, acompañado por estas asociaciones. La familia recibe una ayuda económica, ya que la Unión Europea financia a estas familias durante un año. Transcurrido ese año, la familia puede trasladarse a otro lugar, por ejemplo, para reagruparse. Son libres de hacerlo, pero, por otro lado, ya han solicitado sus permisos de residencia, y para cuando los reciben, pierden sus derechos y todo el proceso realizado con esa familia queda invalidado. Al final, no sirve de nada, porque se quedan de nuevo como migrantes irregulares. Es muy duro. Hay personas que han invertido en cursos de formación, etc. Y el caso de los hijos e hijas también es muy preocupante. El primer año, solicitan sus papeles y no se los conceden, por lo que piden una prórroga. Al año siguiente, puede que no se les concedan los papeles y tengan que marcharse o permanecer en situación irregular. Hablamos de refugiados, migrantes que disfrutan de más ventajas, pero hay muchas personas que han saltado las vallas y que se encuentran en situación irregular. No tienen control ni nada.
¿Qué papel le corresponde a las instituciones?
Los procedimientos administrativos son de antaño. La colaboración público-privada existe, pero no deja de fluir. La administración sigue siendo muy arcaica, decimonónica y jacobina. Hay que avanzar. Pero los tres territorios históricos de la Comunidad Autónoma actúan de forma diferente. Creo que, en primer lugar, están las ideas de las asociaciones y, en segundo, las acciones de las instituciones. Es peligroso que la institución se meta en estos asuntos, porque los ritmos y procedimientos de la administración ralentizan todo el proceso. Además, como suele decir María José Anitua, es una cuestión de personas. Es mucho mejor que la iniciativa privada siga su propio camino. Nos volveremos a ver. Esto no significa que las instituciones no tengan que legislar, mediante ordenanzas, estableciendo protocolos de actuación y cláusulas sociales, o elaborando una fórmula específica para allanar el camino, pero la iniciativa debe ser llevada a cabo por entidades privadas.
Según diferentes opiniones, no es necesario legislar más, simplemente habría que aplicar e interpretar adecuadamente las leyes existentes.
Si no se trata de legislar, se trata de protocolizar, de dejar huella, de poner pelucas, porque al más mínimo cambio político, un proyecto, por muy interesante que sea, puede verse prácticamente acorralado. Es necesario registrar la continuidad del proyecto para que, incluso si es de la oposición, pueda rendir cuentas. Se necesita formación, se necesita sensibilidad y hay que estar muy atentos, porque tendemos a volver a la situación anterior.
¿Qué futuro ves para este nuevo tipo de contrato consciente?
Es una práctica que se va a extender, pero creo que es hora de que las administraciones establezcan un modelo. El trabajo de las entidades privadas está bien, pero cuando es necesario, la administración debe intervenir. Cuando algo funciona, como novedad y como experiencia piloto, y se demuestra que da buenos resultados, creo que la administración debe trabajar. Estos proyectos de alquiler de pisos, tutelas, inclusión, etc., trabajan con diversas asociaciones. El Departamento de Vivienda del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz o el Departamento de Bienestar Social del Gobierno Vasco están trabajando en ello… La vivienda es un problema, porque es una necesidad. En las tres capitales vascas hay muy pocas viviendas en alquiler, y se está trabajando con diferentes asociaciones que tienen pisos, como Cáritas. Cuentan con pisos de la iglesia o con donaciones familiares, y trabajan en proyectos integrales para la persona en materia de formación, educación, empleo y vivienda, en colaboración con diferentes administraciones. Los contratos conscientes y la Fundación Arteale pueden seguir el mismo camino.
Propietarios de viviendas
María del Coro Calle (Venta de propiedad)
Quiero expresar mi agradecimiento infinito a Arteale dado que ha supuesto una gran satisfacción el poder colaborar con esta Fundación y los proyectos tan humanos por los que ha apostado para ayudar a personas refugiadas sin una vivienda en la que acomodarse.
Es por ello que, tras el fallecimiento de mi padre, y con el consentimiento de mi madre, procedimos a donar el usufructo temporal de la vivienda vacía en la que hasta entonces habían residido a la fundación. Dicha donación ha supuesto una gran ayuda ya que cuando necesité una mano para los cuidados de mi madre Arteale me puso en contacto con una fantástica chica latino americana que se encargó de dichos cuidados con un gran cariño, trato y profesionalidad. Visto lo cual y ante la necesidad de vivienda, Arteale decidió proporcionarle la vivienda que cedimos en usufructo.
Posteriormente, siendo yo ingresada por un problema cardíaco y ante la imposibilidad de poder atender a mi madre, esa chica volvió a dedicarse nuevamente de su cuidado. Vencida la donación del usufructo yo quería vender la vivienda. La necesidad de vivienda continuaba para esta familia y con la colaboración de Arteale procedimos a hacer un contrato de compra-venta a plazos. Toda la burocracia, papeleo que teníamos que realizar ambas partes nos fue facilitado por la fundación sin la cual hubiera sido imposible poder llevar a cabo la citada compra-venta y que ha resultado ser tan beneficiosa tanto para la familia latina como para mí.
Dada la experiencia tan positiva vivida y a modo de conclusión me gustará resaltar el papel tan importante que representan en nuestra sociedad este tipo de asociaciones y fundaciones cuyo único fin es tender la mano a personas sin recursos, a mi parecer debería reconocerles el valor que aportan y ofrecerles más apoyo y ayuda por parte de los organismos oficiales.
María del Coro Calle.
Alberto and Maria José
(Propietarios de viviendas)
Estamos acostumbrados a acompañar procesos complicados. Procesos de fin de vida, ya duren horas, días, meses... o años.
Fue en este contexto que conocimos a María José y a su madre.
Y resultó que su camino aún no había terminado. Que, dejando de lado lo que la medicina le había indicado para sus diagnósticos, en su afán por solucionar cualquier problema con medicamentos, emergió una vida plena, despierta y capaz de disfrutar de eso, la VIDA.
Y como digo, ahí fue donde conocimos a María José.
Y nos habló de otros procesos complicados, de otras vidas que buscaban ser VIDA.
Y percibimos sinergias, las sentimos. Qué fácil es comunicarse cuando se comparte la mirada. Cuando se ve a la otra persona desde su potencial, su individualidad, su SER… Cuando sus dificultades, sus problemas (déficit cognitivo, dificultades del lenguaje, fragilidad…) no son lo que la define. Mucho menos lo que la define.
Y nos embarcamos. Con todas nuestras precauciones: la distancia física entre nuestra casa y nuestro piso, la falta de tiempo para dedicarnos, nuestros padres ancianos, nuestro hijo creciendo… Todo eso quedó en segundo plano cuando los conocimos. Ese encuentro… Con un traductor de palabras, pero con una comunicación infinita. Miradas, gestos… No fue una operación inmobiliaria. Ni tampoco un acto de caridad. Fue algo más. Es algo más.
Con nuestros problemas de distancia, tiempo, hijo, padres… asistimos a nuevas reuniones donde la comunicación se fortaleció. Y hubo diferencias. Y líneas rojas. Y replanteamientos. Pero con el respeto que se tienen dos familias, pasaron semanas, meses, años… y continuamos con el proyecto porque sabíamos que era bueno para todos. Y Arteale siguió ahí para guiarnos en todo momento, ayudándonos con nuestras deficiencias y apoyando el proceso, buscando lo mejor para cada familia y haciendo posible que todo saliera a la perfección.
El proceso adquirió ritmo y vida propia. Arteale mantuvo una presencia que se hizo más evidente hacia el final, cuando surgió inesperadamente una gran crisis. Supongo que no es fácil comprender un proceso cuando se retoma. Y cuesta. Y fue difícil cuando alguien irrumpió y rompió el equilibrio logrado durante todos estos meses. Fueron momentos de preocupación, de impotencia… Y una vez más, la comunicación, la presencia, la paciencia, la rapidez de reflejos, la búsqueda de alternativas… todas estas virtudes que Arteale pone en todo esto hicieron de la crisis un momento de crecimiento. Para todos.
Decir que estamos agradecidos sería quedarse corto. Hemos crecido, hemos vivido, somos «diferentes». En la práctica, hemos conservado un piso sin perder dinero ni grandes preocupaciones. Y al principio, ese era nuestro objetivo. Pero esto sería una reducción casi absurda. Ahora tenemos más amigos y menos prejuicios. Y eso sí que es un negocio integral.
Firmado
Alberto and Maria José
Tía Elena
(Dueño de casa)
Soy tía de María José Anitua Trevijano y he confiado en ella como abogada para diversos asuntos profesionales durante muchos años.
Querida María José, me preguntaste cómo ha sido mi experiencia con refugiados. Al principio le di muchas vueltas porque nunca había alquilado el piso. Mis sobrinos habían vivido allí y yo tenía la casa preparada por si la necesitaban. Después de pensarlo, acepté, porque estaba haciendo obras de caridad. Y estaba recibiendo dinero, que también podría usar para algunas reparaciones que los vecinos querían hacer. Pero al mismo tiempo me preocupaba recuperarlo si lo necesitaba. Necesitaba esa seguridad, como se reflejaba en el contrato que María José hizo con Arteale.
La relación con los vecinos fue muy importante para mí y por eso la Fundación Arteale se encargó de hablar con la mayoría de los vecinos, quienes no pusieron objeción a la entrada de una familia argelina en una pequeña comunidad y algunos de los vecinos son familia.
En el contrato se estipulaba que, si surgían problemas con la comunidad, la familia refugiada debía buscar otro lugar. Tenían un bebé de dos meses nacido en nuestro país y teníamos una relación muy cordial, pero con un niño pequeño, hubo problemas con la vecina de abajo porque el niño lloraba y despertaba a su nieta. Arteale se encargó de gestionar este conflicto de forma positiva, sin que yo tuviera que intervenir.
Luego llegó la pandemia de COVID-19 y la familia empezó a pasarlo mal porque perdieron sus trabajos y les redujeron mucho el alquiler, así como otros gastos como la calefacción, la electricidad, etc., que les pasé en cuanto me lo dijeron. Estamos muy contentos y creo que han recibido un gran favor. La Fundación Arteale también les prestó dinero.
Una vez que la familia se fue, un vecino me dijo que estaba contento de que se fueran, pero otros vecinos me dijeron que habían sido muy buenos con ellos.
María José muchas gracias por todo y un abrazo fuerte.
Tu tía
Firmado
Tía Elena
María del Coro Calle Alonso
(Dueño de casa)
En todos los aspectos de mi vida, siempre he sido muy consciente de que para mí la «confianza» es primordial y para que ésta exista, primero debemos comprender a los demás sin ningún prejuicio si queremos que los demás también nos comprendan.
Y menciono este pensamiento porque la confianza ha sido la base de mi relación y conexión con María José desde el primer momento que comencé a trabajar para ella, estando a cargo del cuidado de sus dos hijos pequeños, hasta el día de hoy, y es también por este pensamiento que mi familia y yo decidimos colaborar con este maravilloso proyecto en el que valores como la empatía, entendida como humanidad, la confianza, la tranquilidad, el respeto al otro y el respeto al entorno del que formamos parte, son fundamentales.
Empezamos a colaborar en el proyecto cediendo en usufructo durante dos años la casa donde vivía sola mi madre, viuda de 93 años, y que llevaba vacía solo seis meses tras fracturarse la cadera. Consideramos la opción de venderla, pero al principio la descartamos por las obras que había que hacer en el piso donde mis padres, ya muy mayores, habían vivido toda su vida.
Lejos de pensar que el proceso de donación y colaboración sería complicado, debido a las reformas y obras que requería la casa y, además, a la falta de tiempo disponible debido al cuidado continuo de mi madre debido a su movilidad reducida, el proceso no pudo ser más sencillo. Arteale nos lo explicó muy bien y nos dio todas las facilidades: el notario vino a casa para firmar la transferencia, y Arteale también se encargó de las obras de reforma, que han sido sorprendentemente eficientes en poco tiempo, aunque pensábamos que costarían cuatro veces más de lo invertido, dejando una vivienda muy digna y accesible.
«No es solo una transacción económica». Recuerdo perfectamente las palabras de mi madre cuando le explicamos el proyecto, le pedimos su opinión y, tras escucharla, no dudamos en colaborar: «¿Y para qué quiero una casa vacía? Así se usa, se protege y ayuda a otras personas a construir una nueva vida. Todos nos beneficiamos».
La primera familia recibió las llaves prematuramente por error, sin haber formalizado el contrato de sociedad. Arteale se percató rápidamente de la manipulación de los inquilinos al mantener el contrato. Aunque problemático, Arteale superó la difícil situación y logró que la familia abandonara el piso después de 10 meses.
Varias familias han vivido en el piso. Algunas se han marchado aprovechando los recursos habituales del mercado de alquiler.
Cuando María José planteó la posibilidad de acoger a una familia ucraniana sin pasar por el proceso de colaboración consciente, como propietaria, no me opuse, basándome en la confianza que sentía en la Fundación Arteale. Al final, no fue posible debido al miedo de la mujer refugiada con una hija de pocos meses, que vivía en la casa en ese momento, a compartirla con hombres.
Actualmente somos una familia de cinco personas cuya madre cuida de mi madre, la dueña de la casa, que lleva más de dos años en cama y con la que tiene mejor relación que con los demás cuidadores.
Definitivamente recomendaría esta experiencia a otros, de hecho, hemos renovado el usufructo por dos años más, por todo el apoyo recibido por parte de Arteale, por su seguimiento y atención, estando siempre al tanto de lo que conviene a las partes, por la integridad, honestidad demostrada y por contribuir a un bien que beneficia a toda la sociedad.
Se trata de ir más allá de gestionar una propiedad, se trata de ayudar a evolucionar como sociedad, a crecer en armonía para lograr una convivencia equilibrada, inclusiva y sostenible.
Firmado
María del Coro Calle Alonso
Refugiados
Testimonio Familia Refugiada
Primeramente dar las gracias a la Fundación Arte Ale por la ayuda y la cercanía que hemos sentido durante todo el proceso.
Nuestra familia está formada por mi mujer, y mis dos hijos. La primer familia en el proyecto piloto de alquiler consiente, en ayuda a familias inmigrantes.
Comenzamos nuestra aventura al lado de la fundación Arte Ale, en el año 2018 en un piso de acogida. y que por razones de necesidad nos hemos visto en la necesidad de irnos mudando a diferentes pisos que estaban destinados, a familias que estaban en situaciones similares a las nuestras, pero siempre con la dificultad que conlleva una mudanza contábamos con el apoyo de la Fundación.
En todo este proceso siempre nos hemos sentido apoyados y hemos tenido una cercanía con la presidenta de la fundación, María José Anitua, sea en reuniones, compartiendo comidas, etc.
En base a esto, en una reunión que tuvimos para conversar sobre nuestra situación actual, nos menciona María José si en algún momento nos habíamos pensado en la posibilidad de coger una hipoteca, a lo que en ese momento se nos hacía un poco difícil por el trabajo de mi mujer, que estaba a media jornada, en vista a esto y de pensarlo ya que nos manifestó que contaríamos con el asesoramiento de la fundación, mi mujer busca otro trabajo y es ahí, donde le ofrecen una mejor oferta de trabajo y mejora salarial, por lo que le comentamos a María José sobre la nueva situación y que de pensarlo estábamos animados, a comenzar la búsqueda de una vivienda.
Nos asesoraron en que sitios buscar, y lo que deberíamos saber de una vivienda antes de comenzar a negociar, por lo que durante la búsqueda se descartaron varias posibilidades por malos indicios.
En donde en varios meses de búsqueda, se nos presenta una posibilidad visitando la vivienda y siendo de nuestro agrado, por lo que la fundación se pone en contacto con la inmobiliaria y es así, como se comienza una negociación de la vivienda, haciendo mención que se nos concede por parte de la Fundación Arte Ale una póliza de crédito por un importe de 20,000 euros para financiar la operación.
Así también nos ayudan en asesoramiento legal, ya que desconocemos sobre este proceso, Redacción de contratos de arras, contrato privado de compraventa y escritura pública. así también se nos hace saber sobre las consecuencias, de comprar una vivienda con riesgo de vicios ocultos, dándose el caso que al visitar la vivienda por segunda vez ya habiéndose hecho el contrato de arras, encontramos unas humedades en la vivienda que estaban ocultas tras unos armarios, se nos comenta por parte de la fundación que se haría mención de este problema en la escritura pública, para que posteriormente la vendedora asuma los gastos para la reparación de los daños, que no fue nada fácil por parte de la vendedora después de no querer asumir su responsabilidad.
Additionally, the Foundation helped us manage the donation of furniture and household items that we did not have or that were in poor condition in the property. They also assisted us in coordinating with a company to repair the damp wall at an affordable price.
Por todo esto y más queremos dar las gracias a la Fundación Arte Ale por toda la ayuda recibida, deseando éxitos en sus nuevos proyectos, Ayudando a más familias que como nosotros necesitan un apoyo, sea en alquiler o en compra de una vivienda.
Un saludo,
Muchas gracias
Testimonio de familia refugiada
Quisiera expresar mi gratitud a la Sra. María José. Mi hijo y yo recibimos un techo y apoyo. El equipo de la asociación Arteale nos atendió en cada paso y en cada necesidad. Nos avergüenza mucho cómo nos han tratado, incluso en los detalles más insignificantes.
TODO ESTO ES INESPERADO Y MUY DIFÍCIL DE CREER PERO GRACIAS A DIOS ES REAL.
Tras la acogida recibida y en agradecimiento, decidieron colaborar con la Fundación Arteale montando una litera para el piso de recepción.
Segunda familia de refugiados ucranianos acogida
Gracias, María José y Arteale, por esta casa que hemos sentido como nuestra. Estamos verdaderamente agradecidos.
María José Anitua
(promotor de EHC)
Dijeron que estaban tan agradecidos que les daba vergüenza. Tras pensarlo, este comentario nos llevó a pedirles su testimonio y su apoyo para armar la litera que compramos para la ocasión.
traductor de ucraniano
Como traductor, es la primera vez que veo algo así: cuando vienen aquí, consiguen alojamiento y todo el apoyo que necesitan. Sinceramente, reitero mi gratitud por la solidaridad demostrada con el pueblo ucraniano.
Colaboradores de ACC
Testimonio Pablo Piñeiro
For me, the Conscious Collaborative Accords has been much more than simply signing an agreement between both parties. It has been a process of self-discovery, as well as a reflection on what I expect from myself and from others.
Al ser un proceso tanto legal como, hasta cierto punto holístico, me he sentido durante todo el proceso como una parte fundamental del acuerdo. Aquí no se trata de "comprometer aspectos legales y colaborativos" aquí se trata de conocer las luces y las sombras de cada uno y con eso trabajar por caminar todos en una misma dirección con el fin de alcanzar una meta común y positiva para las partes.
Testimonio Javier
Testimonio Ricardo Romo
David Parejo
Los Acuerdos de Colaboración Consciente han sido un gran descubrimiento y una experiencia increíble para vivir el equilibrio entre trabajo y vida personal.
Todo el proceso fue y sigue siendo un viaje de reconexión para conocer a María José y su proyecto a través de una verdadera aventura co-creativa.
Me encanta el enfoque holístico que integra herramientas sólidas como el TKI, junto con principios y metodologías flexibles como Agile Lean, Indagación Apreciativa y Design Thinking. Quiero ser honesto y señalar que al principio estaba un poco reticente y no presté la atención que merecen los cuestionarios del TKI. A medida que el proceso avanzó, comprendí la importancia y la información que pueden revelar para superar los arquetipos y los desafíos que estos traen consigo. Son elementos “claves” y una pieza muy importante de todo el rompecabezas.
Disfruté muchísimo el juego de valores y las interacciones personales con María José, que ayudaron tanto a alinearnos como a dar forma a nuestra propia conexión. Fue increíble sentir que compartimos sueños similares y experimentar el poder del colectivo para alcanzar objetivos y resultados comunes, haciendo realidad que “¡no estamos solos!”.
A lo largo de mi carrera en el mundo corporativo, en posiciones ejecutivas, y como propietario de empresa y emprendedor, siempre he valorado el poder de las relaciones para nutrir alianzas sanas y a largo plazo. En algún momento, perdimos un poco de vista esa esencia y nos enfocamos demasiado en los objetivos y en las dinámicas de poder y control. Olvidamos el factor humano y nuestra propia humanidad.
He estado buscando durante mucho tiempo reconectar con ese propósito original, y estoy profundamente agradecido de haber encontrado a María José, quien es un ejemplo vivo y ha pasado gran parte de su vida con una mentalidad colaborativa. Ha sido una gran catalizadora para traer los Acuerdos de Colaboración Consciente como herramientas poderosas que facilitan la transición desde el antiguo y obsoleto modelo competitivo hacia conexiones colaborativas que fomentan una forma de vivir más natural y regenerativa.
Estoy feliz de formar parte de este viaje tan especial, en un proyecto que piensa en grande y en profundidad. Un profundo sentimiento de gratitud.
Íñigo Benedicto
(Colaborador de ACC)
Queríamos renovar el pacto de colaboración de nuestra empresa y el proceso ha sido tremendamente inspirador. Ha dado lugar a una conversación serena, honesta y empática que nos ha permitido, después de tantos años, comprendernos mejor en los buenos y malos momentos y fortalecer aún más nuestros vínculos. Utilizamos el juego de valores con nuestros nuevos empleados y nos ha ayudado a tomar decisiones estratégicas audaces con una fluidez sorprendente.
Santiago Barrueco
(Colaborador de ACC)
Una fantástica herramienta que te permite conocerte y ser conocido de verdad.
Glenn Meier
(Colaborador de ACC)
El proceso CCA es una forma fácil y divertida de desarrollar relaciones rápidamente con los demás. Al pasar por el proceso CCA cuando colaboré por primera vez con EHC, me integré rápidamente al equipo. Ellos comprendían aspectos importantes de mí y yo sabía aspectos importantes de ellos. A lo largo de nuestra colaboración, consultamos los temas que surgieron en nuestro CCA. ¡Es una herramienta fantástica para las relaciones colaborativas!
Maria Cuba
(Colaborador de ACC)
Hay momentos en nuestras vidas en los que tenemos la suerte de tener la oportunidad de formar parte de algo transformador, poderoso y al servicio del bien común. Hace unos meses, tuve esta oportunidad al conocer a María José y el Proyecto Colaborativo de Viviendas Vacías. Siempre me han preocupado los desafíos que enfrentan las personas, en particular las personas y familias marginadas, a la hora de encontrar un hogar seguro y digno.
Como alguien que creció sin el privilegio de ser propietario de una vivienda, conozco muy bien la inseguridad y el miedo que se siente al vivir en lugares que siempre se sienten temporales y sin sentido de pertenencia. Por eso, cuando descubrí EHC, no solo me sentí obligado a aprender más, sino que supe que quería formar parte de ello. Sin embargo, la falta de vivienda a menudo se ve como un problema de números, y cuando se trata de soluciones, a menudo nos encontramos con un enfoque pragmático que, si bien puede estar arraigado en los resultados, también está desprovisto de una perspectiva humana. El hecho de que EHC haya visto más allá de eso y haya creado un enfoque que prioriza a las personas con sus acuerdos Colaborativos y Conscientes es lo que lo distingue y lo que aporta la empatía, la dignidad y la compasión tan necesarias al proceso. Me sorprendió cómo cada paso de los acuerdos trajo consigo una nueva y poderosa forma de comprender y ver el proceso, las soluciones y los cambios que buscamos crear. No solo aprendí sobre EHC, las personas y las familias a las que pretenden servir y la complejidad de los problemas, sino que también aprendí sobre mi lugar en este viaje, la oportunidad de contribuir y los sentimientos.
y las creencias que alimentó. María José y su equipo de EHC realizan un trabajo fundamental para encontrar nuevos caminos y soluciones sostenibles para abordar el problema de las personas sin hogar, pero a la vez contribuyen a mejorar las sociedades, un medio ambiente saludable, la reducción del impacto climático y la construcción de comunidades colaborativas. Así es como lograremos soluciones: con innovación, mentalidad abierta, pero sobre todo, ¡JUNTOS!
Colaboración público-privada
Iñaki Zabala
(Aire Vasco)
Aunque me sorprendió la petición de María José Anitua, dado el tiempo transcurrido en relación con su labor profesional como asesora jurídica de Euskal Air (1991 / 1992), me complace poder ayudarla, dada la justificación de su petición: el nuevo reto de la colaboración público-privada en la reutilización de viviendas vacías.
Yo era director general cuando ella se incorporó a la aerolínea Euskal Air SA, que operaba bajo el nombre comercial de Nort Jet. La compañía se fundó a principios de 1989 por iniciativa de la Diputación Foral de Álava y la Cámara de Comercio de Álava, para operar vuelos regulares desde el aeropuerto de Vitoria.
El capital era principalmente vasco. La mayor parte pertenecía a tres bancos de esta región. El 14 de abril de 1992, cesó sus operaciones después de tres años. El cierre se debió a que el gobierno vasco no proporcionó el capital disponible y a que los aviones no eran tan rentables como se esperaba. Esta experiencia fue un importante aprendizaje.
En las negociaciones con el Gobierno Vasco, María José Anitua desempeñó un papel fundamental, manteniendo varias reuniones con el entonces viceconsejero del Gobierno Vasco, Fernando Buesa, con quien había trabajado anteriormente. Si bien las negociaciones no dieron los resultados esperados, quiero destacar la perseverancia, la honestidad, la implicación y la actitud positiva de María José en la búsqueda de soluciones viables.
Trabajó en equipo conmigo y con el director general de la empresa, Lázaro Ros, en una situación de extrema dificultad financiera. Se generó un clima de profunda confianza, hasta el punto de ofrecerle ser copropietaria para evitar la quiebra.
Esta confianza ha continuado en otros encargos profesionales en los que su ayuda y capacidad negociadora han sido materializadas con éxito.
Recomiendo a María José por su trayectoria profesional y excelente gestión en este ámbito de colaboración público-privada, a pesar de no conseguir los objetivos deseados en el caso de Euskal Air.
Ramón Bernal Uribarrena
(Funko)
Estimado señor/señora
Queremos reconocer la experiencia que nuestra organización, FUNKO, Confederación de Fundaciones del País Vasco, ha tenido con María José Anitua, durante el tiempo que ella ejerció como Secretaria Técnica de la organización.
FUNKO, como representante del sector fundacional en el País Vasco, mantiene una colaboración activa con el departamento del Gobierno Vasco que regula el Protectorado de Fundaciones. Es un interlocutor relevante que desarrolla una colaboración público-privada continua, lo que facilita un mejor contexto para que las organizaciones desarrollen sus fines sociales.
En esta tarea, durante 2016, Maria José Anitua colaboró con FUNKO en la revisión del borrador de la nueva Ley de Fundaciones que se aprobaría en el País Vasco. Se identificaron diversos artículos que, según su definición, podrían causar problemas de gestión, y se realizó un intenso trabajo para presentar propuestas que los solucionaran.
Tras una activa negociación, en la que jugó un papel importante María José Anitua, se llegó a un acuerdo sobre la nueva redacción del proyecto de modificación de la Ley, demostrando el buen resultado de la gestión realizada.
Todo ello reconoce la adecuada gestión realizada en este ámbito de colaboración público-privada entre FUNKO y el Protectorado de Fundaciones del Gobierno Vasco, en la que tuvo un papel destacado Maria José Anitua.
Firmado
Ramón Bernal Uribarrena
Actualmente miembro de la Junta Directiva de FUNKO, Presidente durante los años 2016 al 2021.
Jesús Alfredo Ispizua Zuazua
(Gobierno Vasco)
Jesús Alfredo Ispizua Zuazua, funcionario del Gobierno Vasco, en la actualidad jefe de la asesoría jurídica de la Dirección de Economía Social (Departamento de Trabajo y Empleo), manifiesta, a petición de la interesada y a los efectos por ella invocados, que ha conocido profesionalmente a María José Anitua durante el desempeño de sus funciones como responsable del área de asesoría jurídica de la Dirección de Registros Administrativos y Régimen Local del Departamento competente en materia de fundaciones (entonces Departamento de Interior, Justicia y Administración Pública).
A este respecto, cabe recordar que la Constitución Española reconoce el derecho de fundación para fines de interés general, de conformidad con el artículo 34.1 de la ley. En el caso de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAV), se trata de la Ley 9/2016, de 2 de junio, de Fundaciones del País Vasco, cuyo artículo 1 define la fundación como un patrimonio privado afecto permanentemente a la realización de fines de interés general.
La ACBC es responsable, entre otras funciones, del registro de aquellas fundaciones a las que sea de aplicación.
Entre los actos sujetos a registro, el acto de constitución reviste especial relevancia jurídica. La formalización del acto constitutivo, su diseño orgánico y funcional, así como la especificación de las actividades que se realizarán y el régimen económico al que está sujeto —independientemente de los importantes efectos fiscales que se deriven— suele ser compleja para quienes desean destinar patrimonio privado a fines de interés general; más aún cuando varios fundadores concurren en la articulación del mismo interés general. Por ello, la labor de los asesores legales es decisiva para su formalización legal.
En este sentido, María José Anitua, en un caso concreto de especial complejidad, y como representante y asesora legal de intereses privados, ha desarrollado una excelente actividad profesional, a mi juicio, con singular pericia profesional, propiciando su alineamiento y conjunción con el interés general, para su configuración jurídica formal como fundación de acuerdo con la normativa fundacional autonómica vigente en cada momento.
Firmado
Jesús Alfredo Ispizua Zuazua
Entrevistas de Miel A. Elustondo para EHC Book
Entrevista de Miel A. Elustondo a Familia refugiada 1
Familia refugiada en espera de asilo en acuerdo de alquiler colaborativo.
“Nos han sucedido cosas que nunca pensamos que sucederían en nuestra vida”.
Es difícil comprender la situación de las familias refugiadas que ya viven entre nosotros, que comparten nuestras vidas, preocupaciones y las idas y venidas de la sociedad que compartimos. En el caso de la familia que nos ha acogido en su casa de Vitoria-Gasteiz, llegaron a nuestra ciudad en marzo de 2019 huyendo del miedo, e incluso aquí, deben mantener el anonimato por miedo…
Miel A. Elustondo – caballo loco
Empezaste a hablar del miedo…
Él: De donde venimos hay muchas cosas increíbles, literalmente increíbles. Nosotros mismos estábamos aterrorizados. Cuando llegamos aquí, hace medio año, tenía la costumbre de mirar a un lado y a otro, temiendo que alguien nos atacara. Mi familia ya me decía: "¡Tranquilo, ya no estamos! ¡Ya no estamos!". Sobre todo, nuestro hijo mayor: "¡Papá, para! ¡Para!". Ese miedo existe.
Ella: Y más ahora, con las redes sociales, todo se expande en un instante. No es como antes, cuando era muy difícil que la información llegara a otros lugares. Ahora ya no es así. Hemos visto demasiados casos.
Él: ¡Estos criminales tienen tanto dinero, tantas armas, tantos tentáculos! ¡Tanto que, en nuestro país, han infiltrado a gente en la Interpol para tener conocimiento y saber dónde están los generales y gente de ese rango! Si pueden hacer eso, ¡qué les puede pasar!
Ella: La corrupción existe. Presentas una denuncia y la propia policía les pasa la información a los delincuentes.
¿Por qué abandonaste tu país?
He: For fear that they would kill us, that they would kill my wife and children. [He points to a news item on his computer and reads us two headlines. The first one reads: “Arrested a violent hitman leader who traveled to Spain to expand in Europe”; the second one: “Capture of Interpol agent exposes corruption of the Urabeños in Colombia”]. In our country there is something called the bacrim, which are criminal gangs. In the big cities there are criminal gangs that operate as if they were a network, they are connected. They are taken as the biggest cartel in South America. In the neighborhoods they do what they call drug micro-trafficking, and they also charge vaccines.
¿Vacunas?
Él: Si tienes un negocio o una buena calidad de vida, se enteran. Vienen a ti, llaman a tu puerta y te dicen: «De ahora en adelante, nos vas a ayudar». Dicen que te van a proteger. Es como si dijeran, porque ¿de qué nos van a proteger, si no de sí mismos?
Ella: «Te voy a proteger, pero si no me pagas con dinero, me pagas con la vida de un familiar». Eso es lo que quieren decir.
Él: Sucedió que vinieron a decirme eso. Por ejemplo: ganas cien euros, así que planeas tu vida para vivir con esos cien euros. Cuando alguien viene y te dice que tienes que darle quince de esos cien euros, tus finanzas se desequilibran, porque tienes facturas que pagar, por ejemplo. De hecho, yo había montado un negocio que iba bien, porque trabajábamos duro en él, pero eso no significa que tuvieras millones, porque no es así, porque yo debía dinero a los bancos. Pero la cosa es que el negocio iba creciendo, y entonces, esta gente vino a cobrarme. Poco a poco, las finanzas empezaron a apretarse, y eso es lo que siempre me decían, que si no les pagaba, me cobrarían con la sangre de mi familia. Cuando vi esa situación, pensé que tenía que buscar una alternativa. Y mi alternativa era no ir a la policía, porque vimos que ellos hablaban con la policía. La policía los vacuna, les cobra impuestos.
Ella: La policía sabe que existe esa red, pero para que ellos puedan trabajar, las pandillas pagan a la policía.
Él: Entonces empecé a ver que la situación no tenía futuro. Empecé a pensar qué hacer. ¿Irme a otra ciudad? ¡Es lo mismo, porque las bacrim están conectadas! Como me estaba estrangulando económicamente, tuve que salir de todo: tuve que vender el negocio, el coche... Pedí crédito en los bancos, y con ese dinero nos fuimos. Podría pedir crédito a los bancos para pagar a las bandas, pero llegará un momento en que no podré devolverles el dinero, ni me prestarán más, y entonces las bandas vendrán a ejecutarme. No hay otra opción. Ya había pasado donde vivíamos. Lo que pasa es que nunca piensas que te va a pasar. Al dueño de la carnicería lo mataron.
Ella: Y el de la funeraria fue atacado. Como la historia de "Anocheció, y el Señor no amaneció".
Él: Trajimos a nuestros hijos con nosotros, supuestamente de vacaciones… Tengo que decir que ni siquiera le conté a mi esposa sobre estas cosas, pero ella se dio cuenta.
Ella: Sí, dije que algo pasaba porque él estaba raro. Le pregunté: "¿Qué pasa con el dinero? ¿Por qué lo vendes todo?".
Él: Nunca les dije nada porque no quería meterles miedo. Y en el trabajo nunca le dije nada a nadie, porque no se sabe quién conoce a quién. Y, además, ¿quién va a estar al lado de alguien que en cualquier momento, si no paga, lo van a matar? ¡Hasta las areperas tienen que pagar!
She: For example, my son always asked for a trip to Paris, as a quinceañero [Quinceañero, a “coming of age” that is celebrated with great jubilation in different Latin American countries]. That trip was planned a long time before. We tried to stick to the plan. The children were not told anything. We arrived in Barcelona, and four days later, we had to talk to them. And that’s when our daughter went into depression.
Él: Después de Barcelona, pasamos unos cuatro meses en París, y después llegamos a Vitoria, a través de una amiga de mi mujer.
Ella: Teníamos que encontrar una salida, teníamos que sobrevivir como pudiéramos. Le dije a mi marido que iba a hablar con una amiga que conocía y que estaba aquí, en Vitoria. Hacía muchos años que no hablaba con ella. Le dije que íbamos a Valencia. Pensó que estábamos de vacaciones. Nos dijo que nos quedáramos con ella unos días y que luego iríamos a Valencia, porque decían que había mucha más gente de todas partes, que podríamos vender empanadas, como en París… Y nos gustó mucho aquí, nos pareció muy agradable… Empecé a hablar con mi marido, que teníamos que pedir ayuda, pero teníamos miedo. De hecho, al principio, mi marido fue solo a la policía. Luego fuimos todos, porque le dijeron que tenía que traer a toda su familia. Así que fuimos todos y todo el proceso empezó aquí. Pasó una semana desde que llegamos hasta que fuimos a la policía.
¿En algún momento contactaste con Arteale y Arcem?
She: We started looking for an apartment here, in real estate agencies or on the street. But we don’t have any documents other than our passports. And they told us no. My friend said to rent an apartment in her name, but you don’t want to cause problems for people. So, I thought of telling the whole truth to a real estate lady. Her name is Inés, an angel sent by God. I told her everything that was happening, she told me to come the next day at such and such hour, that she was going to talk to a friend, a property owner, to see if she could help us. She said she was a very busy person, but let’s see! He gave us an address, we went and that’s how we met María José [Anitua], from Arteale, who provided us with the apartment. Through Arteale, we contacted Arcem. But they told us that if they helped us one hundred percent, it turned out that we could be left without Arteale’s apartment, that they could send us to other cities, where they could place us… It was like starting again from scratch. And we, after having been super-displaced, super-stressed… and already having an apartment… we said no. Having an apartment was for us like living again. Not to start again. For our daughter, the change here [Europe] was horrible. Once in Vitoria, she started to feel better. She draws very beautifully. When we were in Paris, her drawings reflected sadness. When we arrived here, her drawings changed.
Firmaste un contrato de alquiler colaborativo con Arteale. ¿Cómo fue el proceso?
Él: Estamos inmersos en ese proceso. Para nosotros es algo nuevo. Arteale, como su nombre indica, es arte, y por eso tenemos que plasmar nuestra idea del contrato en un dibujo. Tenemos que ser muy naturales. No es un contrato normal: se paga una tarifa y listo. Estamos acostumbrados a eso. Pero en este caso, no es así.
Ella: Nos pareció bien poder contribuir con nuestros dibujos, con nuestra visión. Estamos acostumbrados a ser muy independientes, y nos pareció muy agradable que nuestros hijos aportaran su visión con sus dibujos, que pudieran formar parte del proyecto. Luego se nos hizo difícil, porque es como plasmar una idea en papel, y eso es difícil. Pero hemos estado aprendiendo a hacerlo. DIBUJOS ¿La visión, la misión, la piedra de toque, los puntos clave?
Él: Ahí está definir qué puedes y qué no puedes hacer. Nos ha gustado desde el primer momento, dejar las cosas claras. Me viene muy bien marcar hasta dónde puedes llegar. Lo que nos ha dificultado el proceso es que olvidamos las citas, las reuniones. Puede que piensen que nos estamos haciendo quedar mal porque queremos, pero no es así. Para nosotros es muy importante hacer las cosas bien y estamos increíblemente agradecidos con Arteale, porque Arteale nos abrió sus puertas en cuanto llegamos. Arteale nos ayuda con la vivienda y es un puente para todo lo demás. En ningún momento se nos ha pasado por la cabeza quedar mal con ellos, con Arteale. Eso es lo que nos ha dificultado todo el proceso. Ella: Estamos tan estresados, tan estresados, que cuando tuvimos que ir a la policía a hacer la solicitud y todo, dejamos los pasaportes en casa.
Él: Tenemos todos los documentos súper organizados, tanto originales como copias, pasaportes y tarjetas sanitarias… Todo. ¡Y ese día que íbamos a la policía nos dejamos los papeles en casa! Somos personas correctas, competentes, pero hemos quedado mal delante de Arteale más de una vez por equivocarnos en nuestras citas. La última vez que pasó, me senté en el sofá medio desesperado, intentando comprender qué nos estaba pasando: "¿Por qué nos pasa esto una y otra vez si supuestamente tenemos todo bajo control?". Empecé a hacer un autoexamen, intentando visualizar la situación. Durante el día no tengo nada más que hacer que ir a estudiar. Inconscientemente, mi cerebro siempre está pensando en el futuro, el pasado, la situación actual… siempre está encendido. Tengo ahí dentro lo que nos dijo el abogado: que a muchas familias de refugiados se les ha denegado la solicitud de asilo. Todo es incierto… Nuestro hijo no está estudiando. Yo, mantengo la mente ocupada, porque si no, siempre estoy pensando: "¿Y si…? ¿Y si…?". Basta con que te nieguen los papeles para que te bloqueen, porque te marginan, porque te vuelves indocumentado y ya no tienes la opción de ofrecerles a tus hijos una universidad, un futuro, ni de ofrecerles mi ayuda, mi mismo potencial… Todo sigue ahí, sin camino que recorrer. De momento, lo único que hacemos es, tras solicitar los papeles de asilo en la policía, esperar seis meses a que nos los den o no. Espero que todo salga bien, porque en seis meses termino mis estudios aquí. ¿Y si no? Todo eso me mantiene en un laberinto, con la mente muy congestionada, intentando visualizar el futuro y alguna salida de emergencia… ¿Qué pasaría si no nos concedieran el asilo? ¿Qué pasaría con el proyecto de Arteale? Porque somos un proyecto… Vivimos con el miedo de volver a pasar por lo que pasamos antes de venir aquí. No tenemos ninguna estabilidad, estamos muy estresados. Ella: Lo único bueno que tenemos es que tenemos un apartamento, una casa. Cuando entramos en esta casa no nos lo podíamos creer. Cuando Arteale nos puso las llaves, no podía creerlo. "¿Está pasando esto?" Porque una cosa es contarlo y otra vivirlo. Uno tiene sus comodidades, su casa, su vida... Llegar a París fue dormir en una cocina, en una sala... Luego en casa de una amiga. Tenía un perro en una habitación y la mandó acondicionar para nosotros... Le doy las gracias en el alma, pero llegar aquí fue...
He: Getting into this house was a lottery, literally! Things that we never, ever, ever in our lives thought would happen, have happened to us. From one moment to the next, life gives you a 180-degree turn that you are left, literally, in hinopia. Like that, literally. Because we didn’t even have a bed, we had a mat on the floor [floor].
Ella: La amiga de la que hablo hace uñas en su casa, y estaba allí con sus amigas a las nueve, diez y once de la noche. Y hasta que no se iban, no podíamos acostarnos, porque era la habitación donde ella trabajaba y donde nos acostábamos.
Él: O nos decía: «Mañana viene alguien, llega muy temprano, tienen que recoger la habitación muy temprano»… Siento que estamos como provisionales, esperando la resolución de la policía, esperando para pedir el permiso de trabajo más tarde. Ahí es cuando siento que puedo ponerme manos a la obra. Que podemos trabajar y depender de nosotros mismos.
Entrevista de Miel A. Elustondo a Familia refugiada 2
Testimonio anónimo
Esperanza e ilusión, el viaje de una familia refugiada.
Llegaron a Vitoria-Gasteiz en julio de 2018. Afirman abiertamente que en su país tenían muchos problemas, «por culpa del terrorismo». Él era policía, llevaba siete años trabajando como tal, y en la zona que vigilaba y patrullaba se estaban produciendo casos de terrorismo. Decidieron abandonar el país.
Miel A. Elustondo – caballo loco
Recibía amenazas de muerte que lo instaron a renunciar a su trabajo como policía. Dice que no era nada personal, que no había otra razón para amenazarlo, aparte de su trabajo. "Les pasó a muchos de mis compañeros. Mi esposa y yo decidimos que no podíamos seguir así, así que solicitamos una visa para salir del país como turistas". Un permiso que, en realidad, solo es válido por quince días o un mes.
La pareja en cuestión voló desde su país a Madrid. Ella estaba embarazada de dos meses. Tras aterrizar en Madrid, fueron a Bilbao «porque habíamos oído que en el País Vasco se trataba bien a la gente. No teníamos amigos ni conocidos, pero teníamos la idea de solicitar asilo. Lo teníamos claro. Salimos de nuestro país con esa idea». En Bilbao, acudieron a la oficina de CEAR, donde expusieron su caso y su intención de solicitar asilo. «Les contamos nuestra historia y nos explicaron su programa de asilo —ayudas, alojamiento, etc.— desde el inicio de nuestra solicitud hasta que recibimos la respuesta de Madrid. Todo lo hicimos sin que nadie nos acompañara. Hasta que contactamos con CEAR no tuvimos ningún tipo de ayuda. Hicimos ese viaje solos, mi mujer y yo, siempre solos. Y tampoco sabíamos ni una palabra de español. No sabíamos decir nada más que «Hola», menos mal que en CEAR tenían traductores», cuenta. Sin embargo, además de su lengua materna, saben hablar francés e inglés.
Following CEAR’s program, they stayed for two months in a hotel in Derio (Bizkaia). They say they did nothing: “Eating, sleeping, sitting, walking and, above all, waiting, nothing but waiting until they got an answer to officially enter CEAR’s foster care program. In that same hotel there were people who had been waiting for six or seven months for an answer. We met, for example, a girl from Georgia who had been waiting for a year and two months for an answer. In the end they received it, and we know that they are now in A Coruña. We keep in touch with them. In the case of our protagonists, it didn’t take so long to receive the answer to their application. “We received it after two and a half months. They told us that they would send us to Vitoria-Gasteiz, where we would live in an apartment, within the CEAR program, although we would share the housing. They bought our bus ticket in Bilbao and sent us here. Accem people were waiting for us at the bus station and took us to an apartment. There was an empty room there that we occupied, and that’s where the host program really began. It was October 9, 2018,” they note, in closing. They shared an apartment with different people: a couple from Ukraine, a girl from Colombia and another one also from Ukraine. According to the first phase of the reception program, they had to reside for six months in that first house in Vitoria-Gasteiz and then receive the relevant aid, always managed by Accem: “Apart from other aid, they provided us with housing and helped us financially, for six months, with 50 euros per month for each adult member of the family. In that six-month period we had to find housing for our family, counting that we would receive an allowance of 560 euros to pay the rent and another 560 euros to subsist, to buy food and everything else: a total of 1,150 euros for everything”. And that is how they faced the arduous task of renting housing, without achieving their goal. “Renting housing is very difficult. People don’t want to rent their housing to any foreigners, or people with small children…. On the other hand, rents are expensive. They can cost 600 or 700 euros, so we could not find any apartment, and Accem extended the first phase, one month after the other, four months more, until we found the apartment we occupy now, the one in Arteale, through Accem. An apartment in the heart of the city, on San Antonio Street. And they tell us first-hand about their conscious rental experience. “The first time we met, the lawyer from Accem and María José [Anitua], from Arteale, participated in addition to us. That day, we talked about various topics in general. After that, we began to meet once a week and, later, once a fortnight. The aim was none other than to get to know each other, build trust, work on our values, establish limits or red lines…. We began by explaining how we had tried to find a rental property. We had a list of the real estate agencies we had visited, and another one of the rental apartments advertised on the Internet. All the landlords asked for a paycheck, a bank guarantee -sometimes-, and things that were impossible for us”. After holding some joint sessions, each of our characters had individual meetings with María José Anitua. “Yes, and so we kept talking about the values, about how we were going to manage the situation in case there were problems with the neighbors, about this and that… For a month and twenty days we talked about everything, in three-hour meetings. The meetings were perfect for building trust between Arteale and us. In reality, there was no difficulty other than the language, because we did not master it.” In the case of the woman, she did not start studying Spanish until September 2019, because of her pregnancy and subsequent motherhood.
They served their allotted period living in the Accem apartment until another family occupied it. Faced with the situation, Arteale somewhat accelerated the conscious rental process. “In the end we were conceded the apartment and we ‘premiered’ it on July 4, 2019, Thursday. We remember it well because it was all one: finish the Accem contract, pick up the things and come in here, to sleep… And it was great, it was really great. When they told us we were going to move into this house, it was phenomenal. After nine months of living in a room, and with a newborn son, it was very good for us. It is a very good apartment, in the heart of the city. It’s almost a dream to get this apartment, and at this price!”. Both are very grateful to Arteale. In any case, before moving into the apartment they currently occupy, they made their presentation to the community. To do so, they held a neighbors’ meeting. “We talked with them, in case problems arose, because in this community everyone is from Vitoria-Gasteiz, a foreigner has never lived there. It went very well. And so far we haven’t had any problems. We have been here since July [the interview was done in December 2019] and I still don’t know the neighbor. They say she is an old lady, but we don’t know her.”
No a la solicitud de asilo
Desde que llegaron a Vitoria-Gasteiz en octubre de 2018, empezaron inmediatamente a estudiar español en los cursos de Accem. Después, él completó diferentes cursos, tanto teóricos como prácticos, y empezó a trabajar en un almacén en Jundiz. «Los primeros seis meses no teníamos permiso de trabajo, solo la tarjeta roja. El 7 de junio de 2019 me dieron el permiso de trabajo, justo cuando estaba haciendo prácticas en una empresa en Jundiz. Terminé el contrato, recibí el permiso de trabajo —temporal, renovable cada seis meses— y empecé a trabajar: las cosas se sucedieron». En cuanto a ella, hizo un curso práctico en una panadería y estaba a punto de empezar a trabajar en el mismo lugar. Y justo cuando ya tenían vivienda y trabajo, recibieron una llamada de Accem: les iban a denegar el derecho de asilo que solicitaban. De vuelta al principio. Si nos deniegan el asilo, nos lo quitan todo: el permiso de trabajo, la tarjeta roja… ¡todo! Nos quedaremos sin nada y fuera del programa de asilo. Arteale ya nos ha dicho que, aunque nos quedemos sin ayuda, nos ayudará a pagar el alquiler de la vivienda y también nos dará ayuda para comer. Pero esta no es la solución que buscan. No queremos depender de la ayuda de nadie, ni del ayuntamiento ni de quien sea. No tiene sentido que dos personas que han estado trabajando tengan que recurrir a ayudas porque les han denegado el permiso. Esta situación no nos hace sentir bien. Él lleva más de seis meses trabajando y mantiene buenas relaciones con sus compañeros. Y ella también está ilusionada, lista para empezar a trabajar. Y ahora nos dicen que nos van a denegar el asilo, que nos lo van a quitar todo… y no explican por qué. Solo tenemos que esperar. Esperar y esperar… En cuanto recibamos la notificación, tendremos que dejar de trabajar. Ya nos han dicho que Arteale nos ayudará a gestionar la ayuda del ayuntamiento, y si esa ayuda no es suficiente, Arteale está planeando otra forma de ayudarnos. Tendremos un préstamo para que podamos sobrevivir hasta que obtengamos la residencia. Llevamos aquí un año y medio, y la ley exige una estancia de tres años para obtener la residencia. Después podremos volver a trabajar con un contrato. Ese es su plan, esa es su esperanza.
Entrevista de Miel A. Elustondo a Alberto Meléndez y M. J. Almaraz, propietarios de vivienda vacía en el proyecto EHC.
Alberto Meléndez and María José Almaraz
“Nuestro hijo se encarga de que, pase lo que pase,
Esta familia tiene un lugar donde vivir”
Alberto y María José son propietarios de uno de los apartamentos que una familia de refugiados de Afganistán alquila. Tenían una casa vacía que conservaron para poder disponer de ella en caso de necesidad. No imaginaban que este apartamento realmente iba a cubrir necesidades, pero no las suyas, sino las de una familia afgana.
¿Cómo comienza tu participación en este proyecto?
Alberto: We had an apartment that we occasionally gave to various people, and it was occupied for some periods of time, temporarily and temporarily. But we had no intention of doing business with him. We wanted to keep him, just in case, in case our son [Carlos] or his in-laws needed him. On the other hand, it seemed absurd to have it empty. So, one day, talking to María José [Anitua], she told us about this project of conscious contracts. It was all very natural. It seemed to us a simple process, in which, in addition, we could include our possible floor needs. Impossible easier! We were already told that the rental price was going to be below the market price, but we also did not have an urgent need for money. We were excited that the house was used by people who really needed it, so everything fit together very well.
María José: María José [Anitua] made it very easy for us. We did not have another project for that house, and it seemed nice to help others, while they helped us. It was reciprocal. And we already knew the difficulties that refugees go through.
A.: We sensed that they were not having a good time, but we did not really know their difficulties. We never even imagined them. In this sense, this relationship has involved a knowledge of its reality. On the other hand, many of our family performances are based on trust, and that also helped us to participate in the project that María José [Anitua] presented to us.
Cuéntanos un poco sobre la confianza. ¿Qué significa? ¿Qué significa para ti?
A.: Due to our work, throughout the week we interact with many people and that makes us learn to know people, without judging them, but knowing them. And María José [Anitua] inspired a lot of confidence in us. She herself is the initiator of the project, the first owner to offer her apartment for rent to refugee families. That says a lot in your favor. And I even remember a day when he called us very early in the morning saying that we were aborting the [rental] operation, that we were not going ahead, that the family we had assigned had problems to solve before we could rent our home. I want to say that María José [Anitua] pampers us, takes care of us, and that is a guarantee.
¿Y cómo recuerdas el primer encuentro con la familia refugiada?
R.: Vivimos a las afueras de Vitoria-Gasteiz, en un pueblo, así que no solemos ir y venir a reuniones ni a compromisos allí. Pero el primer día que conocimos a la familia de refugiados fue espectacular, porque significó la caída de muchos prejuicios. ¡Y una sensación de normalidad…!
MJ.: Claro, diría yo. Al fin y al cabo, es una familia como la nuestra, una familia. Aunque recuerdo que ese primer día nos comunicamos con la ayuda de un traductor. Ahora es diferente, porque se comunican en español, y los dos hijos que tienen aquí lo hablan bien.
R.: Hubo dos personas clave para facilitar esta comunicación: dos trabajadores de Accem, un abogado y el otro trabajador social.
MJ.: Nos hicieron ese primer puente, nos acercaron a la familia.
R.: Lo recuerdo con voces. No recuerdo que el traductor me comunicara nada. Recuerdo que me comunicaba con ellos. Fue espectacular. Estaban muy agradecidos, y me preocupaba un poco que estuvieran tan agradecidos, considerando que nos estaban solucionando un problema: el de la casa vacía. Decir gracias tantas veces no parece justo, pero ya ven todas las posibilidades que se les abren con un piso. Si no, sería terrible. También tengo muy presente el dolor con el que hablan de su país, de lo que está pasando en Afganistán… La casa que ocupan ahora está cerca de las vías del tren, y nuestra preocupación era que el ruido del tren les molestara, pero ellos lo dijeron claramente: lo que oían en casa, en su país, era el ruido de las bombas. «El ruido del tren es música», nos tradujeron.
¿Cuentan las cosas de su país? «El ruido de las bombas», dijiste…
R.: Tenemos que ser muy respetuosos con ellos. No podemos tomarles fotos, por ejemplo, ni acosarlos con preguntas sobre la situación en Afganistán. Hay mucho sufrimiento en sus ojos. Y, por ejemplo, sus hijos no han ido a la escuela y han estado confinados en casa por miedo a los talibanes. Los dos niños que están aquí con ellos llegaron con 14 y 16 años, ¡y nunca habían ido a la escuela! Llegan, y en diez meses están en el curso que les corresponde, ¡y uno de ellos, el mayor, sacando buenas notas!
MJ.: Nos han dicho que en Afganistán no enviaron a sus hijos a la escuela porque los talibanes llegaron allí y se llevaron a niños y niñas. También nos dijeron que la música está prohibida…
R.: Son gente normal, gente que pudo haber nacido en Vitoria-Gasteiz, gente que tenía su profesión, su forma de vida, y que, sin embargo, tuvo que huir de su país porque su vida corría peligro.
MJ.: Tienen dos hijos más, mayores, que salieron de Afganistán tres o cuatro años antes que el resto de la familia, y han vivido esos años sin tener noticias suyas. Cuando la familia finalmente llegó aquí y logró contactar con los dos mayores, se quitaron un gran peso de encima.
R.: Cuando les preguntamos cuántos hijos tenían desde el principio, no respondieron con claridad. Ahora es otra cosa, ahora lo comentan abiertamente. Tienen dos aquí y otros dos, mayores, que salieron de Afganistán antes que ellos y están en Europa. En ese sentido, nuestra comunicación se ha normalizado.
¿Qué opinas de la forma de formalizar el contrato consciente? ¿Y del contrato en sí?
A.: Este contrato, como comprenderás, no es el típico contrato con cláusulas, anexos y letra pequeña que nunca se puede leer. En este caso, el contrato consciente no es un contrato normal; se elabora en conjunto, cada uno indica sus valores, su visión, los puntos clave, el acuerdo económico… y cuándo, cómo y con quién debemos hablar si surge algún problema. Sigue siendo papel, algo simple, pero Arteale nos lo facilita, con dibujos incluidos.
MJ Anitua: Nos dijeron que era posible que surgieran problemas, por este tipo de contratos, a la hora de solicitar el padrón, el ingreso de la fianza, etc. y formalizamos un contrato por escrito, pero tanto el padrón como el Gobierno Vasco lo aceptaron sin problemas, así que seguiremos utilizando el contrato en formato cómic.
MJ.: Creo que para ellos es mucho mejor así, porque el problema era el idioma. La expresión gráfica la entendemos todos.
R.: Eran cosas muy obvias. Teníamos la sensación de estar explicando límites, pero estábamos convencidos de que ya los haríamos desaparecer, de que ya buscaríamos soluciones. Nuestra situación es de poder, y, en cualquier caso, no me parece apropiado ser tan estrictos con estas familias de refugiados, que necesitan vivienda y que se mostrarán dispuestas a firmar lo que sea necesario para tener una casa donde vivir. Cuando hay acuerdo y disposición para entendernos, es más fácil. ¿Qué habría pasado si esta familia no hubiera aceptado nuestros límites? Quizás nosotros tampoco habríamos cumplido el contrato…
MJ Anitua: El proceso de este contrato consciente ayuda a generar confianza. Sin esa confianza, priorizando únicamente la legalidad, el acuerdo podría no haber sido posible. El hecho de que ambas partes se conozcan también es muy importante, ya que ayuda a generar confianza.
R.: Es cierto, porque cuando los conocimos, todo cambió. En caso de necesidad, me veo buscando un piso que se ajuste a nuestras necesidades, antes de molestar a esta familia de refugiados para que abandonen nuestra casa, como estipula el contrato.
¿Cómo habéis trabajado los valores, la visión, la misión, la piedra de toque…?
R.: En nuestro caso no teníamos mucho tiempo, así que Arteale hizo de puente entre la familia refugiada y nosotros, aunque nuestras necesidades y líneas rojas aparecen en el contrato.
MJ.: Señalamos algunas cosas muy sencillas: respeto a los vecinos, cuidado con la música, animales no…
MJ Anitua: Entre las líneas rojas, por ejemplo, se incluyó que, en caso de que los propietarios necesitaran deshacerse del apartamento, dado que los padres de María José son mayores y podría darse el caso, la familia que ocupa ese apartamento estaría de acuerdo en dejarlo. Accem no vio con buenos ojos este punto; no quería que la familia refugiada lo aceptara, porque la legalidad no lo contempla. Sin embargo, la familia refugiada, en cuanto comprendió que el caso de necesidad provendría de los padres mayores de María José, lo comprendió. Además, no es que tengan que dejar el apartamento y quedarse en la calle. No. Pero podrían tener que mudarse hasta tres veces de casa, hasta que encuentren la que se ajuste a sus necesidades, porque no es fácil alojar a una familia de cuatro en Vitoria-Gasteiz, donde los alquileres están por las nubes.
MJ.: Me cuesta entender tanta gratitud. Es cierto que, por un lado, nos corresponde, tenemos derecho a ello, pero es como cuando revisamos el contrato. ¡Una y otra vez! "¡Bueno, los estamos aplastando!", dije. "Los estamos aplastando". Fue excesivo. Y, además, es cierto lo que dice Alberto: que tenemos cierto poder, porque no tenemos necesidad de alquilar la casa, y, por otro lado, ellos sí.
R.: Creemos que esta apreciación se normalizará sin más. Recuerdo que al poco de instalarme en el piso, fui a preguntarles qué tal estaban. "Bien, bien... Sin agua caliente", me dijeron. "¿Cómo que no hay agua caliente?". Llevaban una semana sin agua, ¡simplemente porque no habían encendido la caldera! ¡Siete días sin agua caliente, y ni siquiera nos llamaron! Coincidió que fui; si no, seguían diciendo "¡Todo bien, todo bien!", aunque en realidad no todo salió bien.
MJ.: Ahora, como hemos pasado por esa experiencia, insistimos, porque entre quienes no entienden y el idioma es una barrera, y le dicen a todo el mundo "¡Sí, sí, sí!", sabes que hay cosas que no han entendido. Entonces, te dices: "Empecemos de nuevo". Sus hijos están escolarizados aquí, ya hablan español y nos sirven de intérpretes. Los padres nos pidieron inmediatamente un televisor para familiarizarse con el idioma. Los niños, por otro lado, nunca faltan a clase; son súper responsables. Guardan el correo, las facturas... ¡todo! Son súper respetuosos.
Hoy se han reunido en su casa, pero también han estado en la suya. Tienen cierta relación...
MJ.: Sí, hemos ido a su casa más de una vez, y siempre que vas te reciben con té, frutos secos, bizcocho… De todo. Y, además, te llevas un tupper de arroz o parte del pan que han hecho ellos mismos en casa…
MJ Anitua: Y a través de todo este proceso de conocimiento mutuo, nace una relación casi como una familia, surge algo diferente.
A.: A veces te cuentan sus necesidades. Por ejemplo, podrían usar bicicletas, ya que se desplazan mucho. Podríamos ir a la tienda a comprarlas, pero esa no es la relación que queremos tener con ellos: una relación de poder o paternalista. No se trata de comprarles un bono de autobús ni la tarjeta de la piscina, sino de enseñarles a desplazarse en autobús o a acceder a las redes de centros cívicos. Buscamos otras maneras de ayudarte a satisfacer tus necesidades.
MJ.: O la madre, por ejemplo, nos dice que necesitaría un amigo. Les gustaría pasar más tiempo con nosotros para aprender a ir a la montaña, o a caminar al pantano, o al parque de Judizmendi, pero tenemos el tiempo que tenemos, que tampoco es mucho.
A.: Conviven mucho. Cuando vas a su casa, si no están los cuatro, hay tres, y el cuarto es que está en clase. En uno de sus dibujos, eso es precisamente lo que aparece: una casa, con un camino que parece un lugar para caminar…
MJ.: Tu agenda está repleta de citas médicas, lo que nos hace pensar que hay mucha somatización. Tienen citas y más citas. Han tenido experiencias traumáticas y ahora están aflorando todos sus sufrimientos. Muy pocos miembros de una familia de refugiados no tienen problemas de salud.
A.: Y como ya no hay un sujeto sano, sino uno poco estudiado, estos, como tienen múltiples molestias y cosas muy raras, se estudian de pies a cabeza y, al final, claro, encuentran algún tipo de insuficiencia. ¡Claro que no! Me temo que se sienten enfermos, porque una cosa es tener una enfermedad y otra sentirse enfermo.
¿Qué has aprendido de este proceso? ¿Qué te aporta?
R.: Ahora mismo, esto ha reafirmado nuestra creencia: confiar en la gente suele funcionar. Por otro lado, personalmente, me dolió tener el apartamento vacío, así que ese problema está solucionado. Creo que para nuestro hijo también es importante. Y tenemos nuevos amigos…
MJ.: No sé si hemos aprendido algo nuevo, porque ya tenemos varias experiencias al respecto, pero no nos ha hecho daño. Y nuestro hijo, por ejemplo, los defiende, se encarga de que, pase lo que pase, esta familia tenga un lugar donde vivir. Para Carlos, es una forma de aprender a compartir, a ser generoso, a pensar en los demás.
Nerea Melgosa, directora de Igualdad y Derechos Humanos de la Diputación Foral de Álava
(Comunidad Autónoma del País Vasco, España)
“La implicación personal es una de las claves del éxito”
La actual directora de Igualdad y Derechos Humanos de la Diputación ocupaba, cuando la entrevistamos en la primavera de 2019, el cargo de concejala de Convivencia y Diversidad, y de Empleo y Desarrollo Económico Sostenible en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Es inevitable que la perspectiva municipal predomine sobre cualquier otra a lo largo de toda la entrevista.
¿Cómo empezó el proyecto piloto de alquiler consciente?
En realidad, fue una casualidad. Antes de la reunión que mantuve en junio de 2018 con María José Anitua y otros organizadores de ADCE para preparar el congreso de contratos conscientes en noviembre de ese mismo año, ella se había reunido con la jefa del Servicio de Convivencia, Diversidad y Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Estitxu Pereda, y sabíamos que existía un grave problema de vivienda. La mayor demanda de vivienda provenía de personas migrantes y familias refugiadas. Vimos que estas personas estaban realizando su itinerario de inserción e inclusión en la sociedad, porque la acogida era muy buena, pero que la integración no era real, porque no había vivienda. Sabíamos que, después de haber trabajado con estas personas, muchos de los permisos podrían ser "retirados" por falta de vivienda. Así que, cuando los organizadores del congreso vinieron a explicarnos qué eran el derecho colaborativo y los contratos conscientes, se nos ocurrió proponer su aplicación en el caso de las viviendas de familias refugiadas.
¿Cuál es la política de vivienda de un ayuntamiento?
La política de vivienda tiene dos partes. Por un lado, tenemos a personas que no quieren alquilar su vivienda por miedo y desconocimiento del inquilino sobre su naturaleza —lo cual también tiene un valor sentimental—, y por otro, tenemos un sector de la población que quiere unir a todos los migrantes en el mismo barrio o edificio. No nos pareció adecuado aplicar esta medida; nunca hemos optado por esta forma de trabajar. Así que cuando alguien viene a decirnos que se siente capaz, que tiene otra forma de trabajar —un contrato consciente—, que es capaz de negociar, de hablar y de conocerse… nos parece una cuestión de sentido común. En este caso, hablaban de poner en contacto al propietario de una vivienda con la familia refugiada… Nosotros, como Ayuntamiento, no podíamos dejar a estas personas solas. Puede que tuvieran suficientes conocimientos legales sobre contratos conscientes, etc., pero también es cierto que el mundo de los refugiados les resultaba desconocido.
¿Hay alguien que esté familiarizado y trabaje con refugiados a nivel municipal?
En Vitoria-Gasteiz, y en el Estado español, hay principalmente tres asociaciones que abordan la cuestión de los refugiados a través de la Unión Europea: Cruz Roja, CEAR y Accem. Nosotros, como Ayuntamiento, trabajamos en la mesa de refugiados. Llevamos varios años trabajando en este tema, la situación de las familias, etc., aunque lamentablemente son muy pocos, porque el contingente que llega aquí y a todo el Estado español es muy escaso. Conocemos las peculiaridades de cada asociación y cómo podemos colaborar con cada una de ellas. Nos pareció que la Fundación Arteale podría colaborar con Accem, una ONG con la que es muy fácil colaborar y una experiencia muy interesante. Se trataba de crear redes, de construir ese tejido o esa red. Cuanto más consistente sea esa red, mejor ciudad haremos, porque se sentarán las bases. Me gusta que la gente se conozca, que trabaje en equipo, tejiendo la red. Una cosa llevó a la otra, una comisión dio lugar a una reunión, y empezamos a tejer.
¿Qué opinas de las barreras culturales y lingüísticas? Siempre surgen...
Al comenzar cualquier experiencia piloto, hay que empezar por lo fácil. Estaba seguro de que Accem elegiría una familia cómoda para empezar a trabajar. Todos queríamos que la experiencia saliera bien. Elegimos una familia con español y una cultura similar a la nuestra. Me pareció increíble que María José Anitua ofreciera su propio apartamento para la experiencia. La implicación personal es una de las claves del éxito. La parte emocional juega un papel importante… Este es un compromiso personal, un proyecto nuevo y muy mimado, y tiene que ser así. Es como un bebé. Antes de dejarlo en manos de la comunidad, hay que cuidarlo, ver sus defectos y posibles mejoras, protocolizar el proceso hasta que se extienda a toda la comunidad. Hay que ir poco a poco, sin exponer a las familias refugiadas a titulares de un día. Son personas con grandes mochilas a cuestas, personas a las que tenemos que cuidar. Y, del mismo modo, tenemos que cuidar a las personas que están poniendo su profesionalidad sobre la mesa, exponiendo su herencia, la de su familia y su propia existencia. Así que, paso a paso.
Usted ha mencionado a la Cruz Roja, CEAR y Accem como las tres asociaciones que se ocupan de los migrantes a nivel de la Unión Europea.
Cada familia de refugiados tiene un proceso de llegada, acompañado por estas asociaciones. La familia recibe una ayuda económica, ya que la Unión Europea financia a estas familias durante un año. Transcurrido ese año, la familia puede trasladarse a otro lugar, por ejemplo, para reagruparse. Son libres de hacerlo, pero, por otro lado, ya han solicitado sus permisos de residencia, y para cuando los reciben, pierden sus derechos y todo el proceso realizado con esa familia queda invalidado. Al final, no sirve de nada, porque se quedan de nuevo como migrantes irregulares. Es muy duro. Hay personas que han invertido en cursos de formación, etc. Y el caso de los hijos e hijas también es muy preocupante. El primer año, solicitan sus papeles y no se los conceden, por lo que piden una prórroga. Al año siguiente, puede que no se les concedan los papeles y tengan que marcharse o permanecer en situación irregular. Hablamos de refugiados, migrantes que disfrutan de más ventajas, pero hay muchas personas que han saltado las vallas y que se encuentran en situación irregular. No tienen control ni nada.
¿Qué papel le corresponde a las instituciones?
Los procedimientos administrativos son de antaño. La colaboración público-privada existe, pero no deja de fluir. La administración sigue siendo muy arcaica, decimonónica y jacobina. Hay que avanzar. Pero los tres territorios históricos de la Comunidad Autónoma actúan de forma diferente. Creo que, en primer lugar, están las ideas de las asociaciones y, en segundo, las acciones de las instituciones. Es peligroso que la institución se meta en estos asuntos, porque los ritmos y procedimientos de la administración ralentizan todo el proceso. Además, como suele decir María José Anitua, es una cuestión de personas. Es mucho mejor que la iniciativa privada siga su propio camino. Nos volveremos a ver. Esto no significa que las instituciones no tengan que legislar, mediante ordenanzas, estableciendo protocolos de actuación y cláusulas sociales, o elaborando una fórmula específica para allanar el camino, pero la iniciativa debe ser llevada a cabo por entidades privadas.
Según diferentes opiniones, no es necesario legislar más, simplemente habría que aplicar e interpretar adecuadamente las leyes existentes.
Si no se trata de legislar, se trata de protocolizar, de dejar huella, de poner pelucas, porque al más mínimo cambio político, un proyecto, por muy interesante que sea, puede verse prácticamente acorralado. Es necesario registrar la continuidad del proyecto para que, incluso si es de la oposición, pueda rendir cuentas. Se necesita formación, se necesita sensibilidad y hay que estar muy atentos, porque tendemos a volver a la situación anterior.
¿Qué futuro ves para este nuevo tipo de contrato consciente?
Es una práctica que se va a extender, pero creo que es hora de que las administraciones establezcan un modelo. El trabajo de las entidades privadas está bien, pero cuando es necesario, la administración debe intervenir. Cuando algo funciona, como novedad y como experiencia piloto, y se demuestra que da buenos resultados, creo que la administración debe trabajar. Estos proyectos de alquiler de pisos, tutelas, inclusión, etc., trabajan con diversas asociaciones. El Departamento de Vivienda del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz o el Departamento de Bienestar Social del Gobierno Vasco están trabajando en ello… La vivienda es un problema, porque es una necesidad. En las tres capitales vascas hay muy pocas viviendas en alquiler, y se está trabajando con diferentes asociaciones que tienen pisos, como Cáritas. Cuentan con pisos de la iglesia o con donaciones familiares, y trabajan en proyectos integrales para la persona en materia de formación, educación, empleo y vivienda, en colaboración con diferentes administraciones. Los contratos conscientes y la Fundación Arteale pueden seguir el mismo camino.

